Terrorismo global
El perfil de Naveed Akram, el joven acusado del atentado en Australia
El estremecedor atentado terrorista perpetrado el domingo en Bondi Beach, en Sídney, sigue revelando capas de información a medida que avanzan las investigaciones. Entre los nombres que concentran la atención de las autoridades aparece el de Naveed Akram, un joven de 24 años, de origen pakistaní y residente en el oeste de la ciudad, señalado como uno de los dos tiradores que atacaron una fiesta judía al aire libre y provocaron una masacre.
Según la reconstrucción preliminar, Akram llegó al lugar junto a su padre, con quien habría planificado el ataque. Ambos abrieron fuego contra los asistentes a una celebración de Janucá, en una zona muy concurrida de la costa. En el operativo posterior, la Policía confirmó la presencia de seis armas de fuego y de dos artefactos explosivos improvisados activos y listos para detonar, que fueron neutralizados por especialistas.
El perfil del joven, que hasta ahora parecía el de un vecino sin antecedentes de violencia, alimenta la conmoción en Australia. Trabajaba como albañil y había perdido su empleo recientemente, un dato que los investigadores incorporan al análisis sobre su posible proceso de radicalización. Fuentes policiales indicaron que no se hallaron en sus redes sociales mensajes que revelaran militancia o simpatía religiosa extrema, y que en el ámbito educativo era considerado un “estudiante ejemplar”.
Akram cursó estudios en la Central Queensland University, en Sídney, y también en la Hamdard University de Islamabad, Pakistán. El Instituto Al Murad lo describía como un alumno destacado, prolijo y dedicado. En su entorno barrial, vecinos consultados por la prensa local lo definieron como “normal” y sin conductas agresivas conocidas, lo que agudiza el interrogante sobre cuándo y cómo se produjo el quiebre que desembocó en el ataque.
Las autoridades confirmaron, además, que la inteligencia australiana lo tuvo bajo la lupa meses atrás. La agencia de seguridad interna (ASIO) abrió una investigación sobre Akram en octubre de 2019, que se extendió durante seis meses y concluyó con la evaluación de que no constituía una amenaza inmediata. Tras el atentado, ese antecedente volvió a escena y ya se analizan posibles fallas en los mecanismos de prevención.
En el auto con el que los agresores se trasladaron hasta la playa, los agentes encontraron dos banderas del Estado Islámico. Esa evidencia, junto con la presencia de explosivos y la elección de una celebración judía como objetivo, refuerza la hipótesis de un atentado de motivación antisemita. El primer ministro Anthony Albanese definió el hecho como “un acto de pura maldad, de antisemitismo y de terrorismo en nuestras costas, en un lugar emblemático de Australia”, y anunció el despliegue de la Operación Refugio, con más de 300 policías distribuidos en templos y lugares de culto para prevenir nuevos ataques.
Mientras se actualiza el saldo de víctimas y se acompaña a los heridos, la investigación se concentra ahora en el círculo íntimo de Naveed Akram y de su padre, en sus vínculos recientes y en posibles contactos con células extremistas. En paralelo, el debate público en Australia gira en torno a dos ejes: la necesidad de reforzar los controles sobre armas y explosivos, y el desafío de detectar a tiempo procesos de radicalización silenciosa que, como en este caso, derivan en ataques devastadores contra civiles.