miércoles 16 de septiembre de 2026

Economía

La baja de la pobreza que informó el INDEC abrió una disputa sobre la economía real

El índice oficial cayó al 28,2% en el segundo semestre de 2025, pero el dato quedó bajo discusión por la metodología, el deterioro del empleo y el contraste con otros indicadores que todavía muestran un cuadro social frágil.
Pobres que no se ven por la magia del Indec
Pobres que no se ven por la magia del Indec

El Gobierno celebró una nueva baja de la pobreza, pero el dato no logró clausurar la discusión. Según el INDEC, en el segundo semestre de 2025 la pobreza alcanzó al 28,2% de las personas y la indigencia al 6,3%, por debajo del 31,6% y 6,9% registrados en el primer semestre. En los 31 aglomerados urbanos relevados, eso equivale a 2.145.024 hogares pobres y 8.474.136 personas bajo la línea de pobreza; dentro de ese universo, 1.884.110 personas quedaron en situación de indigencia.

La explicación oficial está en la relación entre ingresos y canastas. El propio informe sostiene que, respecto del semestre anterior, el ingreso total familiar promedio subió 18,3%, mientras que las canastas regionales promedio aumentaron 11,9% en el caso de la alimentaria y 11,3% en la total. Bajo ese esquema, al crecer los ingresos por encima de las líneas de pobreza e indigencia, ambas tasas retrocedieron.

Esa medición, sin embargo, captura una sola dimensión del problema: el ingreso monetario. El método oficial compara lo que gana cada hogar con el valor de la Canasta Básica Alimentaria y la Canasta Básica Total. En febrero de 2026, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó en el Gran Buenos Aires $1.397.672 para no ser considerada pobre.

Ahí es donde aparece el primer foco de debate. Mientras la pobreza bajó en la estadística oficial, el mercado laboral no mostró una recuperación igual de nítida. En el cuarto trimestre de 2025, la desocupación fue del 7,5% en los 31 aglomerados urbanos, con 1,1 millones de personas sin trabajo, y la informalidad alcanzó al 43% de los ocupados. Ese cruce entre mejora del ingreso medido y fragilidad laboral ayuda a explicar por qué el dato no termina de reflejarse con la misma claridad en la calle.

También persisten objeciones metodológicas. Chequeado recordó que la pobreza monetaria no es igual a pobreza multidimensional y que los cambios aplicados a lo largo de los años impiden comparar linealmente todas las series. A eso se suma otro cuestionamiento más reciente: un ejercicio del econometrista Martín González-Rozada, citado por La Nación, estimó que si se actualizaran las canastas y los parámetros de consumo, la pobreza del tercer trimestre de 2025 habría sido seis puntos porcentuales más alta que la informada con la metodología vigente.

Especialistas que siguen el tema desde hace años también pidieron prudencia con la lectura política del número. El País citó a Eduardo Donza, del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, quien advirtió que la canasta actual tiende a subestimar gastos que hoy pesan más, como servicios y vivienda, mientras que las transferencias estatales ayudan a amortiguar la pobreza y, sobre todo, la indigencia. En el mismo sentido, Leopoldo Tornarolli, de CEDLAS, sostuvo que la baja era esperable, aunque resultó mayor a la prevista.

El dato oficial, entonces, muestra una mejora real dentro de la lógica con la que hoy mide el INDEC. Pero no cierra por sí solo la discusión sobre el deterioro social. Entre la caída del consumo, el empleo más inestable y el debate pendiente sobre la actualización de la canasta, la pobreza volvió a quedar en una zona incómoda: bajó en la estadística, pero sigue siendo un terreno de disputa en la economía real.