Salud mental
Prevención del suicidio: por qué hablar, escuchar y acompañar puede marcar la diferencia
Hablar, escuchar y acompañar pueden ser acciones fundamentales frente a una persona que atraviesa una situación de sufrimiento. En el mes de prevención del suicidio, especialistas destacan la importancia de abordar el tema sin tabúes, reconocer señales de alerta y facilitar el acceso a ayuda profesional.
La prevención no depende únicamente de los equipos de salud. Familiares, amigos, compañeros de trabajo, docentes y otras personas cercanas pueden desempeñar un papel importante cuando advierten cambios en el comportamiento o perciben que alguien está atravesando una situación que lo desborda.
Escuchar sin juzgar
Uno de los principales desafíos es generar espacios donde una persona pueda expresar lo que siente sin temor a ser juzgada, minimizada o estigmatizada. Abrir una conversación sobre el sufrimiento no significa tener todas las respuestas: muchas veces, el primer paso es simplemente estar disponible para escuchar.
Los especialistas también remarcan que el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal. En una situación de riesgo pueden intervenir factores psicológicos, psiquiátricos, familiares, sociales y culturales, por lo que no resulta adecuado atribuirlo a una única causa.
Entre las señales que pueden requerir especial atención aparecen cambios marcados en el estado de ánimo o la conducta, aislamiento, desesperanza, expresiones de sentirse una carga o de no encontrar salida y modificaciones importantes en las rutinas habituales. Una señal aislada no permite establecer un diagnóstico, pero puede ser motivo suficiente para acercarse, preguntar cómo está la persona y ofrecer acompañamiento.
Una problemática que requiere prevención
Los datos recientes muestran la dimensión de la problemática en Argentina. Durante 2025 se registraron 5.209 muertes por suicidio, un 22,6% más que el año anterior, según cifras del Sistema Nacional de Información Criminal citadas en informes difundidos este mes. La tasa llegó a 11,8 casos cada 100.000 habitantes mayores de cinco años, la más alta de la serie 2016-2025.
La situación también genera preocupación entre adolescentes y jóvenes, por lo que las estrategias de prevención apuntan a distintos ámbitos de la vida cotidiana. Escuelas, familias, espacios laborales, clubes e instituciones comunitarias pueden convertirse en lugares de detección temprana y acompañamiento.
En San Luis, durante septiembre se desarrollaron actividades de sensibilización y prevención en distintos espacios, con propuestas orientadas a promover la comunicación, reconocer señales de alerta y acercar herramientas a la comunidad. Desde el área provincial especializada también remarcaron que familiares y allegados pueden pedir orientación cuando no saben cómo actuar frente a una situación de riesgo.
La prevención, en definitiva, también comienza en los vínculos cotidianos. Preguntar, escuchar sin juzgar, permanecer cerca y ayudar a buscar asistencia profesional son acciones concretas que pueden abrir una puerta cuando alguien atraviesa un momento de extrema vulnerabilidad.
Si una persona está en una situación de riesgo inmediato, es importante no dejarla sola y recurrir a los servicios de emergencia o de salud de la zona para recibir asistencia profesional.