viernes 4 de septiembre de 2026

Homenaje

El Padre Guilherme hizo bailar a Plaza de Mayo en un homenaje masivo al papa Francisco

El sacerdote portugués encabezó un show gratuito que combinó música electrónica, espiritualidad y recuerdos del pontífice argentino. Miles de personas participaron del tributo en el corazón de Buenos Aires.
Padre Guilherme, el cura DJ, hizo bailar a una multitud en la Argentina durante homenaje al papa Francisco
Padre Guilherme, el cura DJ, hizo bailar a una multitud en la Argentina durante homenaje al papa Francisco

La Plaza de Mayo se transformó este sábado en un escenario atípico para un homenaje religioso. Con una consola de DJ, luces, pantallas gigantes y una multitud que mezcló jóvenes, familias y adultos mayores, el Padre Guilherme encabezó un tributo multitudinario al papa Francisco que combinó fe, música electrónica y una fuerte carga simbólica.

El sacerdote portugués, convertido en una figura singular dentro del universo católico contemporáneo, fue el centro de una convocatoria abierta y gratuita que buscó recordar al pontífice argentino a través de un lenguaje poco habitual para la Iglesia, pero cercano a las nuevas generaciones. Durante dos horas, los asistentes bailaron al ritmo de un repertorio que incluyó temas propios, remixes y mensajes espirituales proyectados sobre un escenario montado frente a la Casa Rosada.

La puesta en escena no pasó inadvertida. Tres pantallas gigantes mostraron imágenes de Francisco, de Juan Pablo II y de palomas blancas, mientras una voz en off marcó el tono del encuentro con una frase que resumió el espíritu de la noche: “La danza no es moda, es pasión”. Luego llegó la bendición y el comienzo del show, con el sacerdote ingresando vestido con atuendo clerical y auriculares, dispuesto a evangelizar desde una cabina de DJ.

Entre las canciones que formaron parte de la presentación estuvieron su conocido tema “El grano de mostaza” y versiones mezcladas de artistas populares como Bad Bunny y Queen. La propuesta logró una conexión directa con el público, que respondió con baile, entusiasmo y sorpresa ante una escena infrecuente en uno de los espacios más emblemáticos de la vida política argentina.

Para muchos, además, se trató de una oportunidad excepcional. Algunos asistentes destacaron que la presentación de Guilherme en Buenos Aires tuvo el atractivo extra de ser gratuita, algo poco habitual para un artista que pasó por grandes escenarios y festivales internacionales. Pero el valor del evento no estuvo solo en el espectáculo, sino también en su sentido conmemorativo: fue el primer gran homenaje popular al papa Francisco en vísperas de un nuevo aniversario de su muerte.

El vínculo entre Guilherme y Francisco tiene una raíz profunda. El propio sacerdote contó en distintas entrevistas que fue el mensaje del pontífice argentino, especialmente su llamado a no tener miedo y a salir hacia las periferias, lo que lo impulsó a desarrollar más abiertamente su faceta musical. Ordenado sacerdote en 1999, convirtió con el tiempo a la música electrónica en una herramienta de encuentro, recaudación y evangelización, hasta proyectarse internacionalmente.

Su figura ganó notoriedad global tras participar en la Jornada Mundial de la Juventud de 2023, en la previa de una misa multitudinaria encabezada por Francisco. Desde entonces, llevó su propuesta a escenarios de España, México y Portugal, siempre con una idea central: tender puentes entre la Iglesia y jóvenes que muchas veces se sienten lejos de las formas tradicionales de la religión.

Ese objetivo volvió a aparecer con claridad en Buenos Aires. En medio del humo, las luces y una atmósfera que por momentos remitió a una discoteca al aire libre, muchos adolescentes y jóvenes siguieron el show sin necesidad de asumir una pertenencia religiosa. Algunos llegaron por curiosidad, otros por el recuerdo de Francisco y varios simplemente por la propuesta artística. El resultado fue una plaza colmada y atravesada por una convivencia inusual entre espiritualidad y cultura pop.

El evento también expuso uno de los rasgos más reconocibles del legado de Francisco: su intento de acercar la Iglesia a quienes estaban más lejos. En un contexto de fuerte distancia entre las nuevas generaciones y la institución católica, marcada por tensiones internas, escándalos y debates culturales no resueltos, la figura del Padre Guilherme apareció como una prolongación singular de ese esfuerzo aperturista.

Con música, baile y un formato inesperado, el homenaje en Plaza de Mayo dejó una escena que difícilmente pase inadvertida. No fue una misa tradicional ni un recital común. Fue, más bien, una postal de época: la de una Iglesia que busca nuevos lenguajes para mantener viva la memoria de Francisco y seguir disputando presencia en el corazón de una sociedad cada vez más fragmentada.

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