domingo 20 de septiembre de 2026

Salud

Olvidos y memoria: cuáles son normales y qué señales deberían llevar a una consulta

Perder las llaves, olvidar un nombre o entrar a una habitación y no recordar qué se buscaba son situaciones frecuentes. Sin embargo, cuando los olvidos se repiten, avanzan o empiezan a afectar la autonomía, los especialistas recomiendan consultar.

Olvidar dónde se dejaron las llaves, tardar unos segundos en encontrar una palabra o entrar a una habitación y no recordar qué se iba a buscar son situaciones que pueden ocurrirle a cualquiera. Con el paso de los años, estas fallas pueden volverse más frecuentes, pero no todos los olvidos forman parte del envejecimiento normal.

La principal señal de alerta no está necesariamente en un episodio aislado, sino en un cambio respecto de cómo funcionaba habitualmente una persona. Repetir preguntas, tener dificultades para realizar tareas conocidas o comenzar a depender de otros para actividades cotidianas son situaciones que justifican una evaluación profesional.

El neurólogo Facundo Frissia, del CMC de Salta de Boreal Salud, explicó que es importante observar la frecuencia y la evolución de estos cambios, además de su impacto en la vida cotidiana.

“Más que un olvido aislado, lo que debería llamar la atención es un cambio respecto de cómo funcionaba habitualmente esa persona”, señaló el especialista.

Cuándo un olvido puede ser normal

No encontrar las llaves durante algunos minutos y luego recordar dónde fueron dejadas puede ser algo habitual. La situación es diferente cuando una persona comienza a perder objetos con frecuencia, los coloca en lugares inusuales y ya no logra reconstruir qué hizo con ellos.

Algo similar ocurre con los nombres, las fechas y los compromisos. Olvidar ocasionalmente una cita o el nombre de alguien y recordarlo después puede suceder con la edad. En cambio, repetir varias veces la misma pregunta u olvidar de manera reiterada información reciente son señales que conviene consultar.

También puede ocurrir que una persona tarde unos segundos en encontrar una palabra. Lo que requiere mayor atención es perder repetidamente el hilo de una conversación, tener dificultades crecientes para expresarse o utilizar palabras que dificultan la comunicación.

La orientación es otro aspecto importante. Confundirse alguna vez con el día de la semana y luego darse cuenta no necesariamente representa un problema. Pero desorientarse con frecuencia en lugares conocidos o perder la noción del tiempo puede requerir una evaluación.

Cuando las tareas cotidianas empiezan a complicarse

Las señales de alerta también pueden aparecer en actividades que antes se realizaban con normalidad.

Tener dificultades para pagar facturas, seguir una receta conocida, realizar una cuenta sencilla o completar una tarea habitual puede ser un indicador de que algo está cambiando.

Lo mismo ocurre con los cambios reiterados en el juicio o en la capacidad para tomar decisiones. Un error aislado puede sucederle a cualquiera, pero una modificación persistente respecto del comportamiento habitual merece atención.

La pérdida de memoria, además, no significa automáticamente que una persona tenga Alzheimer. El estrés, la depresión, los problemas de sueño, algunos medicamentos y distintas enfermedades pueden afectar la memoria y la concentración, y algunas de esas causas pueden tratarse.

Por eso, ante cambios persistentes, la consulta médica permite evaluar no solamente la memoria, sino también otras funciones como el lenguaje, la atención, la orientación y la capacidad para resolver problemas.

La importancia de detectar los cambios a tiempo

Los especialistas remarcan que muchas veces son los familiares o las personas cercanas quienes primero detectan modificaciones en el comportamiento. Esa observación puede resultar útil para identificar cambios que la propia persona todavía no reconoce.

La recomendación, entonces, no es alarmarse ante cada olvido, sino prestar atención a su frecuencia, evolución y consecuencias. Cuando las dificultades empiezan a interferir con la autonomía o con actividades que antes se realizaban sin problemas, una evaluación profesional puede ayudar a determinar qué está ocurriendo.

El cuidado de la salud cerebral también forma parte de la prevención. Mantener actividad física, evitar el tabaquismo y el consumo perjudicial de alcohol, sostener vínculos sociales y controlar factores como la presión arterial, el colesterol y la glucemia son medidas asociadas con un menor riesgo de deterioro cognitivo.

El próximo 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una fecha destinada a generar conciencia sobre una enfermedad que afecta principalmente a las personas mayores y que, según los especialistas, no debe considerarse una consecuencia inevitable del envejecimiento.