Duelo
Murió Fray Carlos Sáez Peretó, el fundador del Instituto San Buenaventura
Fray Carlos Sáez Peretó, fundador del Instituto San Buenaventura de Villa Mercedes, murió este lunes en España a los 97 años. La noticia generó pesar en la comunidad educativa y religiosa de la ciudad, donde su nombre quedó ligado al desarrollo de una de las instituciones más reconocidas del ámbito formativo y pastoral.
La confirmación fue realizada por el propio Instituto San Buenaventura, que lo despidió con un mensaje cargado de afecto y reconocimiento. Desde la institución destacaron su legado espiritual, su compromiso con la educación y la huella humana que dejó a lo largo de décadas de servicio.
Lo definieron como un evangelizador incansable, comprometido con el acompañamiento de las personas en su camino de fe. También recordaron su impulso a encuentros y peregrinaciones a Tierra Santa, además de una característica que, según señalaron, lo distinguió siempre: una sonrisa permanente, reflejo de una profunda alegría interior.
Nacido en 1929 en Pego, España, Sáez Peretó consagró su vida a la Orden Franciscana y a la tarea pastoral. Su vínculo con Villa Mercedes comenzó a consolidarse el 6 de septiembre de 1963, cuando participó de una reunión del Consejo Discretorial en la que empezó a tomar forma la idea de crear un colegio parroquial.
Ese proyecto se concretó al año siguiente. En 1964, con el acompañamiento de otros frailes y el respaldo de un grupo de vecinos, abrió sus puertas la escuela primaria y secundaria del Instituto San Buenaventura. Allí, Fray Carlos se desempeñó como director y fue una de las figuras centrales en la consolidación de la propuesta educativa.
Su legado excedió lo institucional. Para generaciones de alumnos, familias y fieles, su figura quedó asociada a una presencia cercana, formadora y serena. En ese sentido, su muerte no solo enluta a una congregación religiosa, sino también a buena parte de la historia educativa y espiritual de Villa Mercedes.
En España, donde residía en sus últimos años, fue despedido en el Monasterio de Santo Espíritu. Durante la homilía, se evocó su entrega hasta el final de sus días: incluso poco antes de morir, se había ofrecido a confesar fieles durante el Jueves Santo, acercándose al altar con ayuda de su andador.
El padre vicario Fernando Hueso destacó durante la ceremonia que Fray Carlos fue una persona agradecida y sin reproches. También recordó con especial énfasis cuánto disfrutaba acompañar a peregrinos en Tierra Santa, transformando esos viajes en una experiencia de profunda catequesis.
Sus restos fueron inhumados en el cementerio del monasterio, tras una misa celebrada por decenas de sacerdotes. Con su partida, Villa Mercedes despide a un referente que dejó una marca perdurable en la educación, la fe y la vida comunitaria.