2026-07-26

OPINIÓN

El tiempo ya no negocia con los hermanos Rodríguez Saá

Adolfo Rodríguez Saá ya está en campaña. Alberto Rodríguez Saá nunca terminó de abandonar la escena política. Ambos vuelven a mirar la Gobernación con la expectativa de regresar al poder en 2027. Pero esta vez no solo deberán convencer a los puntanos. También deberán enfrentarse al único adversario que ningún dirigente puede derrotar: el paso del tiempo.

 

Hay dirigentes que hacen historia.

Y hay dirigentes que, cuando la historia comienza a cambiar, se resisten a aceptar que su tiempo político también tiene un final.

Eso parece estar ocurriendo hoy en San Luis.

Adolfo Rodríguez Saá ya no disimula sus intenciones. Recorre la provincia, vuelve a reunirse con dirigentes, reaparece en actos y habla con el tono de quien está convencido de que todavía tiene una última batalla por librar.

Alberto Rodríguez Saá eligió un camino distinto. Más silencioso. Más reservado. Pero nunca dejó de influir sobre el peronismo provincial ni de ser el principal referente de un sector que aún sueña con recuperar el poder perdido en 2023.

Los dos vuelven a mirar la Gobernación.

Los dos creen que todavía pueden regresar.

Y los dos parecen convencidos de que San Luis todavía necesita de ellos.

La pregunta ya no es si tienen derecho a intentarlo.

Por supuesto que lo tienen.

La verdadera discusión es otra.

¿Después de haber gobernado la provincia durante más de cuatro décadas, San Luis necesita volver a mirar hacia los mismos nombres o comenzar definitivamente una nueva etapa?

Gobernar también significa saber cuándo termina un ciclo

En política suele confundirse experiencia con permanencia.

No son lo mismo.

Los grandes dirigentes dejan un legado.

Los grandes estadistas, además, saben reconocer cuándo concluye una etapa.

Adolfo Rodríguez Saá llegará a las elecciones de 2027 con 80 años.

Alberto Rodríguez Saá tendrá 78.

La edad, por sí sola, no invalida una candidatura.

Pero tampoco puede ignorarse.

Gobernar una provincia exige mucho más que trayectoria.

Exige energía, capacidad de adaptación, liderazgo permanente y la posibilidad de interpretar una sociedad que cambia mucho más rápido que hace veinte o treinta años.

Por eso, más allá del resultado electoral, todo indica que 2027 será la última oportunidad real de ambos para intentar regresar a la Gobernación.

No porque exista una prohibición.

Simplemente porque el tiempo nunca negocia.

El problema no es la edad. Es el pasado.

Sería injusto desconocer lo que representaron los Rodríguez Saá para San Luis.

Fueron protagonistas centrales de la política provincial.

Construyeron una forma de gobernar que marcó a generaciones enteras.

Impulsaron obras, transformaciones y un modelo de provincia que durante muchos años fue observado desde distintos lugares del país.

Eso forma parte de la historia.

Pero la historia no termina donde cada dirigente quisiera.

También se escribe con los finales.

Y ahí aparece la mayor dificultad que enfrenta hoy Alberto Rodríguez Saá.

Su último gobierno no terminó dejando una provincia fortalecida.

Terminó dejando una provincia que el nuevo gobierno debió ordenar prácticamente desde el primer día.

La discusión dejó de ser cómo seguir creciendo.

Pasó a ser cómo recuperar el equilibrio fiscal, reconstruir las cuentas públicas y devolver previsibilidad a un Estado que atravesaba una situación compleja.

Ese también es parte del legado.

Y cuando un dirigente pide volver a gobernar, inevitablemente también debe responder por la manera en que dejó el poder.

La memoria política no puede ser selectiva.

Debe recordar tanto los aciertos como los errores.

La nostalgia nunca alcanza para ganar el futuro

Toda campaña electoral necesita construir un relato.

El de los Rodríguez Saá seguramente volverá a apoyarse en la experiencia, en las obras, en la estabilidad que caracterizó durante muchos años a San Luis y en un vínculo emocional que todavía conservan con una parte importante de la sociedad.

Es una estrategia lógica.

Pero insuficiente.

Porque las elecciones no se ganan únicamente recordando lo que se hizo.

También se ganan explicando qué se propone hacer hacia adelante.

Y ahí aparece el gran desafío.

¿Cómo convencer a una nueva generación de puntanos de que el futuro debe volver a quedar en manos de quienes ya gobernaron la mayor parte de los últimos cuarenta años?

Una elección distinta

Del otro lado estará Claudio Poggi.

Su situación política será completamente diferente.

No buscará regresar al poder.

Buscará que la sociedad evalúe una gestión que comenzó en circunstancias extraordinariamente difíciles y decida si ese proceso de recuperación merece continuidad.

No es la misma discusión.

Los Rodríguez Saá pedirán otra oportunidad.

Poggi pedirá que los ciudadanos juzguen cuatro años de gestión.

Será la sociedad quien tenga la última palabra.

Como debe ocurrir en toda democracia.

El tiempo también cambia la política

Más allá del resultado, 2027 tendrá un enorme valor simbólico.

No será solamente una elección para definir un gobernador.

Será, probablemente, el último gran capítulo político de los hermanos Rodríguez Saá.

La provincia, además, comenzará a transitar una nueva etapa institucional, con reglas que limitarán las reelecciones y fortalecerán la alternancia democrática.

Eso significa mucho más que una modificación legal.

Significa comprender que ningún liderazgo puede ser eterno y que las instituciones siempre deben estar por encima de las personas.

Las democracias fuertes no necesitan dirigentes eternos.

Necesitan dirigentes capaces de construir instituciones que sobrevivan a sus propios liderazgos.

Después vendrá otra generación

Quizás 2027 sea la última batalla de Adolfo y Alberto Rodríguez Saá.

No porque alguien les impida competir.

Sino porque el tiempo, tarde o temprano, alcanza incluso a quienes parecían invencibles.

Y después comenzará otra historia.

Una historia en la que los protagonistas ya no serán los mismos nombres que dominaron la política puntana desde el regreso de la democracia.

Ese será, probablemente, el verdadero cambio.

No quién gane una elección.

Sino que, por primera vez en más de cuatro décadas, San Luis tendrá la posibilidad de discutir su futuro sin depender de los apellidos que marcaron gran parte de su pasado.

Los Rodríguez Saá tendrán derecho a dar su última batalla.

Claudio Poggi tendrá la responsabilidad de consolidar el proceso que inició en 2023 y, si la sociedad así lo decide, completar un ciclo de gobierno bajo nuevas reglas institucionales.

Pero después llegará el tiempo de otros.

De nuevos dirigentes.

De nuevas ideas.

De otra generación política.

Porque las personas pasan.

Los gobiernos también.

Pero las provincias solo crecen cuando entienden que ningún apellido, por importante que haya sido en la historia, puede convertirse en el dueño del futuro.

Y quizás esa sea la verdadera elección que San Luis comenzará a transitar a partir de 2027. No solo decidir quién gobernará los próximos cuatro años, sino abrir definitivamente la puerta a la generación que escribirá los siguientes cuarenta.

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