Aniversario
Las 10 frases del papa Francisco que marcaron una época y siguen vigentes
Este 21 de abril se cumple el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, el argentino que cambió la historia de la Iglesia católica y que, además, logró algo inusual para un pontífice: convertir sus mensajes en frases de circulación global, repetidas en homilías, redes sociales, marchas, aulas y debates públicos. El Vaticano certificó que Jorge Mario Bergoglio murió el 21 de abril de 2025 en la Casa Santa Marta, en el Vaticano.
A lo largo de su pontificado, Francisco construyó una comunicación directa, breve y potente. No necesitó solemnidad excesiva para instalar ideas de fondo. Habló con lenguaje simple, pero con una densidad conceptual que lo volvió una referencia religiosa, social y cultural mucho más allá del catolicismo. Esa combinación explica por qué, a un año de su fallecimiento, muchas de sus frases siguen vigentes.
Entre las expresiones que mejor resumen su impronta aparece una de las primeras: “Dios nunca se cansa de perdonar”. La dijo en su primer Ángelus, el 17 de marzo de 2013, apenas comenzado su pontificado, y quedó como una síntesis de su mirada sobre la misericordia y de su intención de acercar la Iglesia a quienes se sentían lejos.
Pocas horas antes, en una audiencia con periodistas, había pronunciado otra definición que se volvió emblema de su programa pastoral y político dentro de la Iglesia: “Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”. Esa frase ordenó buena parte de su discurso posterior y fijó una prioridad que atravesó todo su papado: poner a los excluidos en el centro.
En 2013 también dejó una de sus imágenes más citadas al definir que la Iglesia debía ser “un hospital de campaña tras una batalla”. Lo planteó en una entrevista con el padre Antonio Spadaro y desde entonces esa metáfora fue usada para explicar una Iglesia menos burocrática y más volcada a curar heridas humanas y sociales.
Ese mismo año, durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, lanzó el ya célebre “Hagan lío”, una arenga que quedó asociada para siempre con los jóvenes. Años después, incluso retomó esa idea en Christus vivit, donde volvió a exhortar a no paralizarse por el miedo ni resignarse a una vida pasiva.
Con el correr del pontificado, Francisco expandió su mensaje hacia temas globales. En 2015, con la encíclica Laudato si’, instaló de manera definitiva el concepto de la “casa común” para hablar del planeta, del ambiente y de la responsabilidad compartida frente a la crisis ecológica. Esa expresión se volvió central en la agenda climática y en el lenguaje de la Iglesia contemporánea.
En 2019, durante la vigilia con jóvenes en Panamá, sorprendió con otra fórmula que mostró su capacidad para leer los códigos de época: llamó a María la “influencer de Dios”. Lejos de una concesión superficial a las redes, usó un lenguaje contemporáneo para vincular la fe con la experiencia cotidiana de millones de jóvenes.
La pandemia dejó una de las escenas más recordadas de su pontificado y, también, una de sus frases más profundas. En la oración extraordinaria Urbi et Orbi del 27 de marzo de 2020, bajo una Plaza de San Pedro vacía y lluviosa, afirmó que “nadie se salva solo”. Aquella sentencia condensó el drama de la crisis sanitaria y su llamado a la solidaridad en un mundo golpeado por el miedo y la incertidumbre.
En sus últimos años, Francisco reforzó el tono dirigido a las nuevas generaciones. En Lisboa 2023 insistió con un mensaje de apertura al repetir “todos, todos, todos”, una frase que quedó asociada a una Iglesia que no quería cerrarse sobre sí misma. Y en otro tramo de esa misma visita exhortó a los jóvenes a no ser “administradores de miedos, sino emprendedores de sueños”, en una invitación a reemplazar la parálisis por esperanza y compromiso.
El recorrido puede completarse con otras expresiones que también marcaron época: “los jóvenes no son el mañana, son el hoy”; “no balconeen la vida”; y “María no compró un seguro de vida”. Todas forman parte de una retórica singular, en la que Francisco mezcló doctrina, calle, sensibilidad social y un lenguaje capaz de ser recordado de inmediato.
A un año de su muerte, el legado de Francisco no solo se mide en reformas, viajes o documentos pontificios. También permanece en esas frases que lograron atravesar generaciones y fronteras. En tiempos de discursos cada vez más fugaces, Bergoglio dejó palabras breves, pero de largo aliento: fórmulas que sirvieron para explicar una época y que, todavía hoy, siguen interpelando al mundo.