POLÍTICA (SL)
Alberto volvió al PJ rodeado por el kirchnerismo y lanzó: “Tenemos que volver todos”
Alberto Rodríguez Saá volvió al Partido Justicialista con una frase que resume mucho más que un acto partidario: “Tenemos que volver todos”. Lo dijo en la sede del PJ de San Luis, en una convocatoria por el 1° de Mayo, rodeado por dirigentes alineados con el kirchnerismo y con un discurso que buscó presentar el regreso como una tarea colectiva.
Pero en política, las palabras nunca llegan solas. Y menos cuando quien las pronuncia gobernó San Luis durante cuatro mandatos y todavía conserva una estructura que intenta reacomodarse después de haber perdido el poder provincial.
La consigna fue simple, directa y cargada de intención: volver. Volver al gobierno, volver a ordenar el peronismo-Kirchnerismo, volver a ocupar el centro de la escena. Alberto la envolvió en un discurso contra las políticas de Javier Milei y en una defensa de la “esperanza, el progreso y la justicia social”. Sin embargo, el mensaje también dejó ver otro trasfondo: el intento de reinstalar al viejo sistema de poder que dominó San Luis durante décadas.
“Tenemos que volver todos para recuperar la esperanza, el progreso y la justicia social”, planteó el ex gobernador, de 77 años. Luego apuntó contra el clima social que llevó al triunfo libertario: “La gente, por darle una cachetada a la política, terminó perjudicándose a sí misma”.
La frase marcó el tono de la reaparición. Para Alberto, el voto contra la política terminó siendo un error de la sociedad. Para sus adversarios, en cambio, ese voto fue también una reacción contra años de desgaste, denuncias, concentración de poder y un peronismo provincial que se quedó sin renovación real.
El regreso al PJ no ocurre en el vacío. A nivel nacional, el kirchnerismo también empieza a moverse con la mirada puesta en 2027. Axel Kicillof, Sergio Massa, La Cámpora, Victoria Tolosa Paz y Guillermo Moreno aparecen como piezas de un tablero todavía desordenado, pero con un objetivo común: reconstruir volumen político para disputar el poder.
En ese mapa, Rodríguez Saá busca recuperar un lugar. Sus legisladores nacionales ya se mueven en sintonía con los planteos del kirchnerismo duro, especialmente en torno a Cristina Fernández de Kirchner, quien cumple una condena por corrupción en la causa Vialidad. El reclamo por mejores condiciones para la ex presidenta funciona como una bandera de identidad para ese sector.
La foto de Alberto en el PJ, entonces, no es solo provincial. Es parte de un movimiento más amplio. El peronismo busca reagruparse, el kirchnerismo pretende conservar la conducción interna y el albertismo intenta volver a presentarse como una opción de poder en San Luis.
El problema es el pasado que vuelve con él.
Mientras Alberto levanta el perfil y habla de retorno, la Justicia provincial avanza sobre ex funcionarios de su gestión. En las últimas semanas volvió a quedar bajo la lupa el ex súper ministro Sergio Freixes, una de las figuras más influyentes del último tramo del albertismo. También aparece el ex ministro Nicolás Anzulovich, identificado con aquella “generación de jóvenes brillantes” que ocupó espacios clave durante el segundo ciclo de Rodríguez Saá.
No son nombres aislados. Forman parte de un grupo más amplio de ex funcionarios comprometidos en causas por presunta defraudación, malversación, enriquecimiento ilícito y peculado. Expedientes que todavía están abiertos y que golpean de lleno sobre el intento de presentar el regreso como una reconstrucción moral o política.
Ahí está la contradicción central de la escena: Alberto pide volver mientras las consecuencias de su último gobierno siguen discutiéndose en los tribunales.
El PJ intenta mostrar unidad. El kirchnerismo busca volumen. Alberto quiere recuperar centralidad. Pero San Luis no mira esa película desde cero. La provincia ya conoce el método, los nombres, la liturgia y el modo en que el poder se organizó durante años alrededor de una conducción vertical.
Por eso, el “tenemos que volver todos” puede leerse también como una advertencia. Volver todos significa que vuelvan los dirigentes, las estructuras, los operadores, los ex funcionarios y las viejas formas de administrar el Estado. No es solo una consigna de campaña: es la promesa de una restauración.
El desafío para el albertismo será convencer a una sociedad que ya probó la alternancia de que el pasado puede funcionar como futuro. Y el desafío para San Luis será decidir si ese regreso representa una salida o simplemente el intento de los mismos de siempre por recuperar lo que perdieron.