Cine argentino
Murió Luis Puenzo, el director que le dio a la Argentina su primer Oscar
La cultura argentina volvió a quedar de luto este martes con la muerte de Luis Puenzo, uno de los directores más influyentes del cine nacional y una figura decisiva en la proyección internacional de la industria audiovisual del país. El fallecimiento fue confirmado por Argentores, que informó que el realizador murió en la ciudad de Buenos Aires a los 80 años.
Su nombre quedó grabado en la historia grande del cine argentino por una obra puntual y enorme: La historia oficial. Estrenada en 1985 y coescrita junto a Aída Bortnik, la película abordó el drama de las apropiaciones de menores durante la última dictadura y al año siguiente obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera, el primero para la Argentina en esa categoría.
La muerte de Puenzo se produjo apenas un día después de otra pérdida de fuerte impacto cultural, la de Luis Brandoni, lo que profundizó la conmoción en el ámbito artístico argentino. Distintos medios y entidades del sector destacaron de inmediato la dimensión de su legado, no solo por el prestigio internacional que alcanzó, sino también por el papel que tuvo en la consolidación de un cine argentino con ambición estética, peso político y llegada global.
Nacido en Buenos Aires el 19 de febrero de 1946, Puenzo comenzó su recorrido profesional en el mundo de la publicidad durante la década del 60. Ese paso inicial por los cortometrajes y los comerciales le permitió construir una base técnica y narrativa que luego trasladó al cine, primero con trabajos más pequeños y después con una filmografía que terminó por darle una estatura internacional singular.
El gran quiebre llegó con La historia oficial, una película que no solo conmovió al público argentino, sino que también logró instalar en el mundo una parte del trauma nacional vinculado al terrorismo de Estado. Además del Oscar, la obra obtuvo el Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa, reconocimientos en Cannes y múltiples premios de la crítica, en una consagración que cambió para siempre la visibilidad del cine argentino en el exterior.
Después de ese punto de inflexión, Puenzo continuó desarrollando una carrera de fuerte perfil internacional. Dirigió Gringo viejo en 1989, con Jane Fonda, Gregory Peck y Jimmy Smits; luego llevó al cine La peste, basada en la novela de Albert Camus, y años más tarde firmó La puta y la ballena, otra producción que reafirmó su apuesta por relatos de escala amplia y coproducciones internacionales.
Pero su peso no se limitó a la dirección y al guion. También tuvo una intervención activa en la política audiovisual argentina. Participó en la redacción de la ley de cine que consolidó la autarquía del INCAA y fue uno de los fundadores de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina. Entre fines de 2019 y abril de 2022, además, se desempeñó como presidente del propio INCAA.
Ese recorrido lo convirtió en una referencia ineludible para varias generaciones de realizadores. Su figura combinó prestigio autoral, vocación industrial y una mirada política del cine como herramienta de memoria, debate y construcción cultural. En esa síntesis radica buena parte de su importancia: Puenzo no fue solo el director de una película célebre, sino uno de los nombres que ayudaron a pensar qué cine podía hacer la Argentina y cómo podía mostrarlo al mundo.
La muerte de Luis Puenzo deja un vacío profundo en el universo cultural argentino. Su obra más emblemática seguirá siendo una referencia obligada para entender la relación entre cine, memoria y democracia, pero su legado excede ampliamente aquel Oscar histórico. Con su partida se va uno de los realizadores que mejor explicó, desde la pantalla, una parte decisiva de la identidad argentina.