miércoles 16 de septiembre de 2026

Guerra familiar

Alberto llamó mentiroso a Adolfo y lo acusó de arrodillarse ante Macri, Milei y Poggi

El exgobernador negó que su hermano haya sido expulsado del peronismo y lo responsabilizó por romper con el espacio, enfrentarlo electoralmente y acercarse a sus adversarios políticos. La interna de los Rodríguez Saá dejó atrás los códigos familiares y entró en una etapa de acusaciones abiertas.

 

De una pelea, a una guerra entre los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá

El exgobernador volvió a apuntar contra su hermano, pero esta vez abandonó las indirectas y eligió acusarlo de frente. Lo llamó mentiroso, negó que haya sido expulsado del Partido Justicialista y lo responsabilizó por haberse alejado del espacio para enfrentar a quienes durante décadas habían sido sus propios compañeros.

“Estás mintiendo, Adolfo. Nadie te ha echado del Partido Peronista. Te fuiste solo, te fuiste para enfrentarnos”, lanzó Alberto durante un encendido discurso.

La frase golpea sobre uno de los relatos que Adolfo busca sostener en su regreso a la actividad política. El expresidente suele presentarse como un dirigente apartado del movimiento que ayudó a construir en San Luis. Su hermano, en cambio, lo ubicó como el responsable directo de aquella ruptura.

Según la versión de Alberto, no hubo persecución ni expulsión. Hubo una decisión personal de romper, armar una estructura por fuera del justicialismo y competir contra el espacio que ambos habían conducido durante décadas.

El cuestionamiento no terminó allí.

“Te presentaste de gobernador contra nosotros. Te arrodillaste con Macri, te arrodillaste con Milei, con la vicepresidenta, con Poggi”, disparó.

La utilización de la palabra “arrodillarse” dejó al descubierto la profundidad de la fractura. Alberto no describió simples acuerdos electorales o coincidencias circunstanciales. Presentó a su hermano como un dirigente dispuesto a acercarse a sectores enfrentados con el peronismo con tal de conservar protagonismo y disputar poder dentro de la provincia.

También lo acusó de perseguir a compañeros y lo colocó cerca de aquellos a quienes históricamente el justicialismo señaló como traidores.

El mensaje tuvo un destinatario puntual, pero también buscó ordenar la interna partidaria.

Mientras Adolfo intenta recuperar centralidad y volver a hablar desde la identidad peronista, Alberto le recordó públicamente sus alianzas de los últimos años. Le marcó que acompañó a dirigentes nacionales y provinciales que estuvieron enfrentados con el espacio que gobernó San Luis durante más de tres décadas.

La discusión dejó de pasar únicamente por candidaturas, listas o conducción partidaria. Ahora los hermanos pelean por imponer una versión de la historia.

Adolfo busca quedar como el fundador desplazado por quienes se apropiaron del partido. Alberto sostiene que nadie lo echó y que fue él quien decidió marcharse para construir por afuera y enfrentar electoralmente a su propia estructura.

Las dos versiones no pueden convivir.

Por eso, la acusación de mentira no fue una frase más dentro de un discurso. Fue un intento por derribar la narración política con la que Adolfo busca justificar su regreso.

El enfrentamiento entre ambos lleva años, pero el lenguaje utilizado ahora muestra una nueva escalada.

Durante mucho tiempo, las diferencias se expresaron mediante mensajes indirectos, silencios y movimientos políticos que obligaban a interpretar qué estaba diciendo cada uno. Esa etapa parece haber terminado.

Alberto pronunció el nombre de su hermano, cuestionó su conducta y lo acusó de abandonar el peronismo para asociarse con quienes antes combatía.

Adolfo quedó ahora ante una situación incómoda.

Puede dejar pasar la acusación y permitir que esa versión se instale dentro del justicialismo puntano. O puede responder y abrir otro capítulo de una guerra familiar que ya dejó de pertenecer al ámbito privado.

Los hermanos que durante décadas concentraron el poder político de San Luis ahora discuten públicamente quién traicionó a quién.

Y mientras Adolfo intenta regresar al centro de la escena, Alberto acaba de recordarle que la pelea por el pasado puede ser mucho más feroz que cualquier disputa por el futuro.