Salud
La tasa de suicidios crece en América y preocupa el fuerte aumento entre los jóvenes
América atraviesa una tendencia que la diferencia del resto del mundo: desde comienzos de este siglo es la única región donde la tasa de mortalidad por suicidio mantiene un crecimiento sostenido, un fenómeno que encendió las alertas de los organismos sanitarios y que muestra un impacto especialmente preocupante entre adolescentes y jóvenes.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 2000 y 2021 la tasa regional pasó de 7,8 a 9,2 muertes cada 100 mil habitantes, lo que representa un incremento superior al 17%.
En números absolutos, las muertes por esta causa aumentaron de 63.097 en 2000 a 100.760 en 2021.
La tendencia, sin embargo, no fue uniforme. Algunos países consiguieron reducir sus indicadores, otros permanecieron relativamente estables y un tercer grupo registró incrementos importantes.
Tampoco existe una única explicación.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala una combinación de factores sociales, económicos y sanitarios asociados al fenómeno, entre ellos el consumo de alcohol, el desempleo, las desigualdades educativas, la violencia, las condiciones sociales y el nivel de inversión y acceso a los sistemas de salud.
Uno de los problemas centrales es precisamente la brecha para recibir asistencia. De acuerdo con estimaciones de la OPS, entre el 70% y el 80% de las personas que necesitan servicios de salud mental en la región no reciben atención adecuada u oportuna.
A ello se suma otro indicador que concentra buena parte de la preocupación internacional: el crecimiento de las muertes entre adolescentes y adultos jóvenes.
El impacto entre adolescentes y jóvenes
Entre las personas de 10 a 24 años, la mortalidad por suicidio aumentó aproximadamente un 38% entre 2000 y 2021, de acuerdo con un estudio publicado en The Lancet Regional Health–Americas a partir de estimaciones de la OMS.
En ese grupo etario, el suicidio se ubica como la tercera causa de muerte en la región.
Tres de cada cuatro víctimas fueron varones, aunque los registros también muestran que el crecimiento proporcional fue más acelerado entre las mujeres.
El fenómeno vuelve a mostrar una característica fundamental: no puede explicarse por una sola variable.
Los problemas de salud mental, la depresión y la ansiedad, los consumos problemáticos, la violencia, las dificultades económicas y familiares y las situaciones de aislamiento pueden interactuar de maneras diferentes en cada persona.
Durante las últimas dos décadas también comenzó a investigarse con mayor profundidad la incidencia del entorno digital.
La OPS señala que existe evidencia sobre posibles asociaciones entre determinados riesgos y el uso intensivo de redes sociales, el ciberacoso y la exposición a contenidos perjudiciales, especialmente durante edades de mayor vulnerabilidad.
A esa transformación social se sumaron los efectos de la pandemia de covid-19.
El aislamiento, la interrupción de la presencialidad escolar, la modificación de los vínculos sociales, los duelos, la incertidumbre y una mayor exposición a las pantallas dejaron consecuencias cuyo verdadero alcance todavía continúa bajo estudio.
La psicóloga e investigadora Martina Fernández Raone, especializada en salud mental adolescente, explicó que niños y jóvenes pueden encontrarse especialmente condicionados por los acontecimientos sociales y por su dependencia de los ámbitos familiares, educativos y comunitarios.
Algunos especialistas consideran que los efectos subjetivos provocados durante la pandemia persistieron incluso después del final de las restricciones sanitarias.
Argentina y una señal de alerta
La situación también genera preocupación en Argentina.
Durante 2025, las muertes por suicidio aumentaron un 22,6% respecto del año anterior, de acuerdo con datos difundidos por el Ministerio de Seguridad Nacional.
Las estadísticas oficiales también indican que, desde 2023, el suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta registrada en el país, por encima de las provocadas por siniestros viales.
Los números colocan nuevamente en discusión la capacidad de prevención, la detección temprana de situaciones de crisis y, fundamentalmente, la posibilidad de acceder a asistencia profesional en el momento adecuado.
En otros países de la región las cifras también son elevadas.
Con datos disponibles hasta 2021, Guyana, Surinam y Uruguay aparecían entre los países de América Latina y el Caribe con las mayores tasas de mortalidad por suicidio ajustadas por edad.
En Uruguay, por ejemplo, los registros oficiales muestran además un incremento de la tasa durante la última década.
La especialista Susana Quagliata, magíster en psicología clínica y docente de la Universidad de la República, identifica entre los factores que requieren atención a las políticas sanitarias, la violencia social, las dificultades que enfrentan niños y adolescentes y la falta de oportunidades asociada a determinados contextos económicos y sociales.
Para los especialistas, además, los resultados de muchas políticas públicas todavía requieren tiempo para ser evaluados.
La OPS advierte que buena parte de las estrategias nacionales de prevención comenzaron a implementarse recién a partir de 2018, por lo que en numerosos países aún no existe una perspectiva temporal suficiente para determinar plenamente su impacto.
Romper el silencio como herramienta de prevención
Uno de los cambios centrales en el abordaje del suicidio durante las últimas décadas fue dejar atrás la idea de que hablar responsablemente sobre el tema incrementa el riesgo.
Los organismos internacionales sostienen actualmente lo contrario: abrir espacios adecuados de conversación, escuchar y facilitar el pedido de ayuda puede convertirse en una herramienta de prevención.
“Lo que no se dice y se esconde no se puede controlar. Cuando uno tiene este tipo de pensamientos, es mejor ponerlos sobre la mesa”, explicó Alberto Fernández Mateos, fundador de la organización argentina Hablemos de Suicidio.
Su historia está atravesada por una experiencia personal. Su madre murió por suicidio en 1991 y, después de un largo proceso de duelo, comenzó a participar en espacios de acompañamiento y posteriormente se convirtió en voluntario.
Durante nueve años trabajó en el Centro de Asistencia al Suicida y actualmente impulsa grupos de ayuda mutua destinados tanto a personas que atraviesan pensamientos suicidas como a familiares que perdieron a un ser querido.
La experiencia le permitió comprobar la importancia de encontrar ámbitos donde una persona pueda expresar lo que siente sin ser juzgada.
Ese criterio también forma parte de las recomendaciones internacionales.
La guía de prevención “Vivir la vida”, elaborada por la OPS, remarca que hablar sobre suicidio con jóvenes no aumenta por sí mismo el riesgo, sino que puede facilitar que quienes atraviesan una crisis se animen a buscar apoyo.
Experiencias desarrolladas en distintos países comenzaron a mostrar resultados alentadores. En Estados Unidos, por ejemplo, entre julio de 2022 y diciembre de 2024 se registraron miles de muertes menos de las proyectadas entre adolescentes y adultos jóvenes después de la implementación de la línea 988 de asistencia en crisis de salud mental, según un estudio publicado en la revista médica JAMA.
El desafío para América sigue siendo considerable. Las estadísticas muestran una tendencia regional que lleva dos décadas en ascenso y que golpea con especial fuerza a las generaciones más jóvenes.
Frente a un problema que no responde a una única causa, los especialistas coinciden en algunos puntos centrales: ampliar el acceso a la atención de salud mental, fortalecer las políticas de prevención, detectar señales de alerta, reducir las barreras para pedir ayuda y construir espacios donde hablar deje de ser un tabú.
Porque detrás de cada estadística existe una historia individual y, en numerosos casos, una oportunidad de intervenir antes de que una crisis se transforme en irreversible.
Dónde pedir ayuda en Argentina
Las personas que atraviesan una crisis emocional o tienen pensamientos suicidas pueden comunicarse con el Centro de Asistencia al Suicida al 0800-345-1435 desde cualquier lugar del país. Ante una emergencia inmediata, pueden llamar al 911 o al 107, o concurrir al servicio de guardia más cercano.