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La crisis de Brasil abre un frente económico y diplomático para la Argentina
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva no terminó con las elecciones en Brasil. Abrió, en cambio, una semana de fuerte tensión política, financiera y diplomática que la Argentina observa con especial atención.
Brasil es el principal destino individual de las exportaciones argentinas y uno de los engranajes centrales de la industria nacional. Por eso, detrás del enfrentamiento político entre Javier Milei y Lula aparece un problema más amplio: qué puede pasar con el comercio bilateral si la depreciación del real se sostiene y la relación entre ambos gobiernos continúa deteriorándose.
Lula fue reelegido el domingo 25 de octubre con 64.256.232 votos, el 51,79% de los válidos, frente al 48,21% obtenido por Flávio Bolsonaro. El resultado tuvo un dato político particular: en la primera vuelta, Bolsonaro había terminado primero con 47,03%, contra 45,16% del actual presidente. Lula logró revertir una diferencia de 1,87 punto porcentual en tres semanas.
La victoria de Lula sacudió a los mercados
La primera reacción fue inmediata.
El lunes posterior al balotaje, el Ibovespa se desplomó 13,88%, su mayor caída diaria desde marzo de 2020, y debió activarse el mecanismo de suspensión temporal de operaciones conocido como circuit breaker. El real también sufrió una fuerte depreciación frente al dólar.
El movimiento no quedó limitado a esa jornada.
Al cierre del viernes 30, el principal índice de la Bolsa de São Paulo acumulaba una caída semanal del 18,12%, mientras el dólar terminaba octubre cerca de 5,44 reales, después de haber operado por debajo de 5 antes de la definición electoral.
Los inversores centraron sus dudas principalmente en la política fiscal que tendrá el cuarto mandato de Lula y en la conformación de su futuro equipo económico.
Eso no implica necesariamente que la turbulencia continúe con la misma intensidad, pero la depreciación del real ya introduce una variable concreta para la Argentina.
El problema para las exportaciones argentinas
Entre enero y septiembre de este año, la Argentina exportó a Brasil US$9.789 millones e importó bienes por aproximadamente US$12.005 millones.
El intercambio dejó un déficit bilateral de US$2.216 millones. Brasil representó el 12,7% de todas las exportaciones argentinas y el 21,4% de las importaciones.
Pero el peso brasileño es todavía mayor cuando se observa la industria.
Buena parte de las ventas argentinas al país vecino corresponde a automóviles, autopartes y otras manufacturas. Sólo el sector automotor envió a Brasil más del 63% de los vehículos exportados entre enero y septiembre.
Ahí aparece uno de los riesgos.
Si el real permanece debilitado frente al peso y al dólar, los productos argentinos se vuelven relativamente más caros para los compradores brasileños, mientras las mercaderías producidas en Brasil ganan competitividad dentro del mercado argentino.
El efecto podría sentirse especialmente en terminales automotrices, autopartistas y otras industrias cuyos procesos productivos están integrados entre ambos países.
Un Brasil más barato también puede favorecer las importaciones
La otra cara del movimiento cambiario juega a favor de quienes compran productos brasileños.
Un real más débil puede reducir, medidos en dólares, los precios de determinados bienes e insumos provenientes del país vecino.
Brasil es el segundo origen de las importaciones argentinas, detrás de China, y representa más de una quinta parte de las compras externas del país.
Para algunas empresas argentinas eso puede significar costos más bajos. Para los productores locales que compiten directamente con mercadería brasileña, en cambio, puede representar mayor presión.
Por eso, el impacto no será uniforme: el mismo tipo de cambio que beneficia a un importador puede complicar a una industria exportadora o a un fabricante local.
La relación Milei-Lula sumó otra tensión
El frente económico convive con una relación política que ya estaba deteriorada antes de las elecciones.
Desde agosto, las embajadas de ambos países funcionan bajo conducción de encargados de Negocios, después de que Brasil decidió rebajar el nivel de la relación diplomática en medio de los enfrentamientos públicos entre Milei y Lula.
La situación volvió a tensarse tras la derrota electoral de Flávio Bolsonaro.
El senador brasileño salió de Brasil el martes 27 junto con su familia, ingresó a la Argentina por el paso de Puerto Iguazú utilizando un pasaporte italiano y posteriormente viajó hacia Estados Unidos.
La salida ocurrió pese a que el juez Alexandre de Moraes había ordenado que entregara sus pasaportes y había dispuesto una prohibición de abandonar Brasil. No existía, en ese momento, una orden de detención en su contra.
Brasil pidió información a la Argentina
El episodio tuvo consecuencias diplomáticas.
Itamaraty convocó el jueves 29 a la encargada de Negocios argentina en Brasilia, María Emilia Cortés, para conversar sobre el paso de Bolsonaro por territorio argentino.
Fuentes brasileñas señalaron que buscaban obtener información sobre lo sucedido y describieron la reunión como un procedimiento diplomático habitual. Desde la Cancillería argentina, en cambio, sostuvieron que durante el encuentro no se solicitaron explicaciones sobre una eventual participación de funcionarios nacionales.
La diferencia de versiones refleja el nivel de sensibilidad que alcanzó el vínculo.
Por ahora no se anunciaron represalias comerciales ni medidas diplomáticas adicionales.
El turismo puede sentir el efecto contrario
Existe otro sector en el que la depreciación brasileña puede generar un movimiento en sentido inverso: el turismo.
Un real más barato vuelve relativamente más accesibles para los argentinos el alojamiento, la gastronomía y otros gastos realizados en Brasil.
El país vecino ya concentra alrededor del 30% del turismo emisivo argentino durante 2026, según estimaciones de Analytica citadas tras la elección.
Eso podría reforzar la competencia de las playas brasileñas con los destinos argentinos durante el próximo verano, especialmente si la diferencia cambiaria se mantiene.
El fenómeno no es nuevo. En enero de este año, Brasil ya había sido por amplio margen el principal destino internacional de los viajeros argentinos.
Una relación económica difícil de romper
La tensión política puede crecer, pero existe un límite estructural.
Argentina y Brasil mantienen cadenas productivas profundamente integradas, especialmente en la industria automotriz, y son socios del Mercosur. Interrumpir ese vínculo tendría costos elevados para empresas y trabajadores de ambos lados de la frontera.
Hasta ahora, incluso con la relación diplomática en uno de sus momentos más bajos, el comercio continuó funcionando.
El interrogante pasa por otro lado.
Si el real permanece depreciado y la distancia política entre Milei y Lula impide coordinar políticas comerciales e industriales, la Argentina podría enfrentar mayores dificultades para colocar manufacturas en su principal mercado regional, al mismo tiempo que Brasil se vuelve más competitivo como proveedor y como destino turístico.
La crisis brasileña, por eso, ya dejó de ser solamente un asunto interno del país vecino. Para la Argentina, el comportamiento del real, la estabilidad de la economía brasileña y la capacidad de ambos gobiernos para mantener abiertos los canales institucionales serán variables centrales durante los próximos meses.