Salud y bienestar
Los beneficios de compartir con un perro que pueden mejorar la salud física y mental
Tener un perro puede aportar mucho más que compañía. Distintos estudios científicos y especialistas analizaron cómo el vínculo cotidiano con estos animales puede influir sobre la salud mental, la actividad física y el bienestar general de sus dueños.
Una de las explicaciones está relacionada con el contacto afectivo. La psicóloga Chivonna Childs, de Cleveland Clinic, señaló que la interacción con un perro puede favorecer la liberación de dopamina y serotonina, sustancias vinculadas con sensaciones de bienestar.
La convivencia también incorpora rutinas que pueden tener un efecto positivo. Sacar al perro a pasear, alimentarlo y ocuparse de sus necesidades genera responsabilidades cotidianas y obliga a mantener cierta regularidad, además de favorecer el contacto con el exterior y con otras personas.
Ese aspecto también aparece en investigaciones sobre actividad física. Un seguimiento británico citado por Infobae encontró que las personas que viven con un perro caminan, en promedio, unos 2.760 pasos más por día y realizan cerca de 22 minutos adicionales de actividad física diaria.
El beneficio potencial no se limita al movimiento. La literatura científica también relacionó la convivencia con animales de compañía con menores niveles de aislamiento social y con una posible reducción de síntomas asociados al estrés, la ansiedad y el bajo estado de ánimo.
Los investigadores también estudiaron qué ocurre a nivel cerebral durante la interacción entre personas y animales. Un trabajo publicado en la revista Frontiers analizó posibles cambios en áreas relacionadas con las emociones, entre ellas la corteza frontal y la amígdala.
Sin embargo, los especialistas plantean una advertencia importante: tener un perro no garantiza por sí mismo una mejor salud mental. Los resultados de las investigaciones no son completamente uniformes y todavía existen interrogantes sobre cuánto de estos beneficios responde directamente a la presencia del animal y cuánto a los hábitos de vida de quienes deciden convivir con una mascota.
En ese sentido, el vínculo puede funcionar como un complemento dentro de un estilo de vida saludable, pero no reemplaza tratamientos médicos o psicológicos cuando son necesarios. La responsabilidad de cuidar al animal, además, implica tiempo, recursos y compromiso sostenido.
Así, detrás de una escena cotidiana como salir a caminar con el perro o recibirlo al regresar a casa aparece un vínculo que la ciencia continúa estudiando. La evidencia disponible sugiere beneficios potenciales tanto físicos como emocionales, aunque todavía queda camino por recorrer para comprender con precisión el alcance de ese efecto.