Economía
Los tres trabajos que la IA no podrá reemplazar y que podrían ganar más en los próximos años
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa de laboratorio para convertirse en una fuerza que ya reordena el mercado de trabajo. Herramientas capaces de automatizar tareas administrativas, redactar informes, traducir textos o analizar datos a gran velocidad alimentan una pregunta incómoda: ¿qué quedará para las personas en un mundo cada vez más “asistido” por algoritmos?
En ese escenario, y frente a advertencias internacionales sobre el riesgo de destrucción de puestos laborales en los próximos años, la especialista en tecnología Stella Luna de María planteó una mirada menos apocalíptica. Su idea central no pasa por frenar el avance de la IA, sino por entender qué tareas son sustituibles y cuáles, por su naturaleza, se vuelven más valiosas.
“El criterio clave es la automatización”, sostiene. En su diagnóstico, los empleos más expuestos son aquellos basados en procesos repetitivos y estandarizables: áreas administrativas, contabilidad, traducción e interpretación en contextos simples, y buena parte de los puestos de oficina que pueden convertirse en flujo de datos.
El impacto, advierte, también golpea en un punto sensible: los trabajos de entrada. Tareas que antes recaían en perfiles junior —becarios, recién graduados, puestos iniciales en programación o asistencia legal— tienden a desaparecer porque “lo básico” ahora lo resuelve una herramienta en segundos.
Tres profesiones que se fortalecen
A contramano de esa tendencia, la experta identifica un grupo de actividades que la inteligencia artificial no puede reemplazar de manera realista porque requieren presencia física, intervención concreta sobre infraestructura y decisiones en tiempo real, en entornos imprevisibles.
1) Plomeros (fontaneros)
Arreglar una pérdida, destapar una cañería, diagnosticar una falla en una vivienda o intervenir sobre una instalación antigua sigue siendo un trabajo de manos, herramientas y experiencia. La IA puede ayudar a detectar patrones o sugerir soluciones, pero no puede “meterse” en una casa ni resolver la contingencia material.
2) Electricistas
Desde tableros y cortocircuitos hasta instalaciones complejas, el oficio eléctrico combina riesgo, precisión y adaptación a cada caso. La tecnología puede facilitar cálculos, planos o diagnósticos, pero la ejecución y la responsabilidad operativa siguen siendo humanas.
3) Cuidados y salud
La automatización también choca con un límite difícil de sortear: el contacto humano. La atención sanitaria, el cuidado de personas mayores, la contención en situaciones vulnerables y el acompañamiento cotidiano requieren empatía, lectura emocional y decisiones clínicas o de cuidado que no se resuelven solo con datos.
El nuevo valor de lo “no automatizable”
El mensaje de fondo es que el mercado no se achica de forma lineal: se reordena. A medida que la IA abarata y acelera tareas de escritorio, el trabajo que exige presencia, responsabilidad directa y trato humano puede volverse más escaso y, por lo tanto, mejor remunerado.
En esa transición, la clave pasa por anticiparse. No se trata de competir con la inteligencia artificial en velocidad o volumen, sino de fortalecer lo que hoy sigue siendo diferencial: oficio, criterio, capacidad de intervención y habilidades humanas que ninguna herramienta puede replicar en el mundo real.