Mercados globales
El petróleo y el gas se disparan y golpean a los mercados por la guerra en Medio Oriente
La escalada bélica en Medio Oriente volvió a encender todas las alarmas de los mercados. Este jueves, el petróleo y el gas registraron fuertes subas después de nuevos ataques sobre instalaciones energéticas clave en el Golfo, en un contexto que ya no solo preocupa por el impacto geopolítico, sino también por sus consecuencias directas sobre la inflación, el comercio y el abastecimiento global.
El salto más visible se dio en el crudo. El Brent, referencia para Europa, llegó a tocar los 119,13 dólares por barril antes de moderarse, mientras que el WTI estadounidense alcanzó los 100,02 dólares en la rueda. La suba respondió a la ofensiva iraní sobre infraestructuras energéticas del Golfo, lanzada en represalia por un ataque previo de Israel sobre el yacimiento gasífero de South Pars, en Irán.
El gas natural también quedó en el centro del temblor. En Europa, los futuros avanzaron cerca de 25% a 28% en la jornada, con el mercado reaccionando al daño sufrido por la planta de gas natural licuado de Ras Laffan, en Qatar, uno de los nodos más sensibles del suministro mundial. Reuters señaló que la magnitud de los daños alimentó el temor a una recuperación larga y a una eventual escasez global.
La gravedad del episodio excede la volatilidad de una sola rueda. Ras Laffan es una infraestructura central para el comercio global de GNL, mientras que el estrecho de Ormuz sigue bajo fuerte tensión y parcialmente afectado, una combinación que multiplica el riesgo de interrupciones en rutas por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Ese cuadro es el que explica por qué los operadores empezaron a hablar de un shock energético más prolongado.
La reacción bursátil fue inmediata. En Europa, las acciones cayeron con fuerza y el Stoxx Europe 600 retrocedió 2,8%, mientras el castigo se extendía a la mayoría de los sectores, con excepción de las empresas energéticas. Reuters también reportó bajas generalizadas en Asia y una apertura débil en otros mercados, en una señal de que el conflicto ya impacta sobre las expectativas de crecimiento y política monetaria a escala global.
El nuevo escenario reabrió además el debate inflacionario. Con la energía otra vez en alza, los inversores empezaron a recalibrar sus apuestas sobre los bancos centrales y a asumir que las tasas podrían mantenerse elevadas durante más tiempo. El temor ya no pasa solo por una desaceleración económica, sino por una combinación más incómoda: menor actividad y precios más altos, una amenaza clásica de estanflación.
En ese marco, la guerra dejó de ser una crisis lejana para convertirse en una variable central del pulso financiero mundial. Cada nuevo ataque sobre pozos, refinerías o plantas gasíferas tiene ahora una traducción casi automática en precios, bolsas y expectativas. Y mientras no aparezca una señal clara de desescalada, los mercados seguirán operando con la lógica del miedo: más cobertura, más volatilidad y una energía cada vez más cara para el resto del mundo.