Comunidad

Los Reyes Magos recorrieron Unión y La Ribera y llenaron de ilusión a los chicos

Melchor, Gaspar y Baltasar llegaron a Villa Mercedes y protagonizaron una recorrida por el barrio Unión y La Ribera. Repartieron golosinas, se detuvieron en puntos clave del circuito barrial y cerraron la jornada con fotos y saludos en el Centro de Atención Municipal.

La víspera del 6 de enero volvió a encender una tradición que atraviesa generaciones. En Villa Mercedes, la visita de Melchor, Gaspar y Baltasar transformó calles y veredas en una postal de fiesta: los Reyes Magos recorrieron el barrio Unión y La Ribera, repartieron golosinas y compartieron un momento especial con familias que salieron a esperarlos con chicos en brazos, sonrisas abiertas y teléfonos listos para guardar el recuerdo.

La emoción se hizo visible en los rostros de los más pequeños, que recibieron dulces casa por casa y vivieron la recorrida como un ritual que cada año renueva la ilusión. Para muchos, no fue solo un regalo: fue la escena completa, la aparición inesperada en la puerta, el saludo, el gesto cercano y la sensación de que “la magia” sigue existiendo en el barrio.

El circuito incluyó el boulevard del barrio Unión y luego continuó por el primer ingreso hacia La Ribera, hasta la estación de servicio YPF. Desde allí, la caravana avanzó por la avenida Pérez y, a la altura del supermercado Europa, pasó por las viviendas productivas y también por la Escuela Pública Bilingüe Digital “Mahatma Gandhi”, sumando paradas que ampliaron el alcance del recorrido.

En la etapa final, los Reyes regresaron por el sector del UOCRA y retomaron la avenida Pérez hasta llegar al Centro de Atención Municipal (CAM) de La Ribera, donde se concentró el cierre. En ese punto, además de seguir repartiendo saludos y golosinas, se tomaron fotos con niños y niñas, en una escena que combinó celebración, cercanía y comunidad.

Más allá del gesto simbólico, la recorrida dejó una señal simple pero potente: en tiempos de apuro y pantallas, la tradición todavía encuentra un lugar en la vida cotidiana. Y, por una noche, el barrio recuperó ese clima de encuentro en el que las familias se reconocen, los chicos se entusiasman y la alegría circula sin pedir permiso.

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