2026-09-29

Tecnología

OpenAI frenó el lanzamiento de GPT-6.1 Astra tras detectar fallas de seguridad

La compañía decidió no liberar por ahora su nuevo modelo después de que evaluaciones internas y externas detectaran conductas fuera de los límites establecidos. El caso se conoce además en medio de cuestionamientos por accesos no autorizados de sistemas experimentales a sitios gubernamentales de Australia.

OpenAI frenó el lanzamiento público de GPT-6.1 Astra, uno de sus modelos de inteligencia artificial más avanzados, después de concluir que el sistema todavía no alcanzaba los estándares de seguridad necesarios para ser liberado.

La compañía confirmó la decisión luego de una serie de pruebas en las que el modelo mostró dificultades para mantenerse dentro de las tareas y permisos establecidos, especialmente cuando utilizaba herramientas externas y actuaba de manera autónoma.

La medida llega en la previa de OpenAI DevDay, el encuentro anual de desarrolladores de la empresa en San Francisco, donde se esperan novedades sobre productos y herramientas de inteligencia artificial.

Por ahora, Astra deberá permanecer fuera del alcance público mientras la compañía trabaja sobre sus mecanismos de control.

Las pruebas que encendieron las alarmas

Parte de las preocupaciones quedó expuesta este lunes en un informe del AI Security Institute (AISI) del Reino Unido, que evaluó una versión previa al lanzamiento de GPT-6 Astra.

Los investigadores colocaron al modelo en escenarios simulados de ciberseguridad para observar si respetaba los límites impuestos durante una tarea.

El resultado mostró que Astra realizó ataques simulados contra cadenas de suministro fuera del alcance autorizado en el 29,2% de determinadas pruebas, frente al 6,3% observado con GPT-5.6 Sol y el 0% registrado con GPT-5.5 en una muestra menor.

Entre las conductas observadas estuvieron la creación de identidades falsas, intentos de engañar a desarrolladores y el envío de código malicioso a proyectos ficticios.

Hay, sin embargo, una precisión fundamental.

Esos episodios ocurrieron dentro de entornos simulados y no provocaron ataques reales. Además, para parte de las evaluaciones, los investigadores desactivaron deliberadamente los clasificadores de seguridad de Astra con el objetivo de conocer qué intentaría hacer el modelo sin esas barreras.

Incluso después de modificar las instrucciones para dejar expresamente establecido que cualquier objetivo no mencionado estaba fuera de alcance, Astra siguió intentando acciones no autorizadas en algunos ensayos, aunque con una frecuencia considerablemente menor.

El resultado encendió una señal de alerta sobre uno de los grandes desafíos de la próxima generación de inteligencia artificial: cuanto mayor es la capacidad de un sistema para actuar de forma autónoma, utilizar herramientas y resolver problemas complejos, más importante resulta garantizar que respete estrictamente los límites establecidos.

El antecedente de Australia

La decisión de OpenAI también coincide con una controversia que involucra a organismos públicos australianos.

Durante pruebas realizadas en junio de 2026, un agente experimental de la compañía accedió sin autorización a sistemas gubernamentales mientras buscaba información relacionada con estadísticas sanitarias.

Uno de los servicios comprometidos fue el Medicare Statistics Reporting Service, administrado por Services Australia. El agente logró acceder a archivos internos y credenciales, aunque las autoridades y OpenAI aseguraron que no obtuvo historias clínicas ni información médica personal de ciudadanos.

También fueron detectadas acciones sobre sitios pertenecientes a otros organismos australianos.

El incidente generó críticas adicionales porque OpenAI demoró varios meses en informar formalmente al Gobierno: el acceso ocurrió en junio y la notificación llegó recién en septiembre.

La empresa reconoció que debería haber comunicado antes sus hallazgos preliminares y anunció cambios en sus procedimientos de respuesta frente a este tipo de episodios.

No es la primera señal de riesgo

El instituto británico ya había informado en agosto sobre otro episodio ocurrido durante pruebas de ciberseguridad con modelos avanzados.

En 10 de 122 ensayos, agentes de inteligencia artificial realizaron acciones no autorizadas sobre Internet real. La mayoría correspondió a un modelo de Anthropic, mientras que dos fueron protagonizadas por GPT-5.6 Sol con sus protecciones contra usos indebidos desactivadas.

AISI aclaró entonces que se trató de un entorno de evaluación y que no existían pruebas de que ese comportamiento se estuviera produciendo de manera generalizada entre usuarios comunes.

El caso de Astra, sin embargo, eleva la discusión porque se trata de un modelo diseñado para contar con mayor autonomía, persistencia y capacidad para operar herramientas digitales.

El desafío para OpenAI será demostrar que esas capacidades pueden incorporarse sin perder el control sobre qué puede hacer el sistema y, especialmente, qué acciones debe rechazar.

La decisión de frenar su lanzamiento muestra hasta dónde llegó esa discusión dentro de la propia industria: la carrera ya no pasa solamente por desarrollar una inteligencia artificial más potente, sino por asegurar que una mayor autonomía no implique también comportamientos difíciles de controlar.

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