Salud mental
En San Luis, la depresión ya es el segundo motivo de consulta en Salud Mental
La depresión suele avanzar en silencio. A veces se presenta como tristeza profunda; otras, como un cansancio que no se va, irritabilidad, falta de disfrute o un vacío difícil de explicar. En San Luis, el fenómeno ya tiene una traducción concreta en la demanda sanitaria: en el Hospital Escuela de Salud Mental, la depresión es el segundo motivo de consulta por admisiones, detrás de la ansiedad.
La referencia cobra especial relevancia este martes 13 de enero, cuando se conmemora el Día Mundial de Lucha Contra la Depresión, una fecha que busca poner el tema en agenda, derribar prejuicios y remarcar un mensaje central: no subestimar los síntomas ni postergar el pedido de ayuda.
Milagros Olguín Vinuesa, licenciada en Psicología del Hospital Escuela de Salud Mental y jefa de Admisiones, explicó que la depresión no se limita a “estar triste”. “En la depresión está en juego la pérdida del sentido. Por eso, en algunos casos, puede ir acompañada de pensamientos de muerte. Está en juego el para qué y el por qué estoy en esta vida”, señaló. Y agregó que también pueden aparecer irritabilidad y pérdida de la capacidad de disfrute de actividades o vínculos que antes resultaban significativos.
Entre los síntomas más frecuentes, los equipos de salud mental enumeran fatiga, dificultades de concentración, insomnio o, en el extremo opuesto, una tendencia a permanecer en la cama, además de pérdida de interés, falta de placer y cambios de peso. El problema, advierten, es que muchas señales se confunden con estrés, agotamiento o “un mal momento”, y el diagnóstico llega cuando el cuadro ya está más instalado.
La depresión que no se nota: cuando la vida sigue por fuera
Uno de los obstáculos actuales es lo que los especialistas describen como “depresión funcional”: personas que trabajan, cumplen horarios, sostienen vínculos y continúan con sus rutinas, pero por dentro arrastran un malestar persistente que no logran nombrar. Esa forma silenciosa convive con la productividad y puede pasar inadvertida incluso para quien la padece.
El psiquiatra David Enríquez, del Centro Médico de la Comunidad (CMC) Santiago del Estero de Boreal Salud, advirtió que “la depresión invisible suele detectarse cuando el cuerpo o la mente empiezan a dar señales más intensas”. Y remarcó un punto clave: “Es importante prestar atención a cambios sutiles pero sostenidos en el tiempo, y no esperar a tocar fondo para consultar”.
Esa consulta tardía es uno de los riesgos más serios. Al no encajar con el estereotipo, muchas personas minimizan lo que sienten o se convencen de que “ya se va a pasar”. Cuando finalmente llegan a un consultorio, el impacto se siente no solo en la salud mental, sino también en los vínculos, el rendimiento laboral y la vida cotidiana.
Olguín Vinuesa sumó otro factor que sigue operando: el prejuicio. “Aunque hay un gran avance en la visibilización, todavía existe una porción de la sociedad que maneja el prejuicio. Esto está vinculado a lo que antes se llamaba ‘locura’ y lleva a un estado de ‘de esto no se habla’ por miedo al juicio del otro”, afirmó.
Depresión no es estrés: una diferencia que importa
Los especialistas también remarcan la necesidad de diferenciar depresión y estrés. El estrés suele ser una respuesta a una situación específica que desborda: una pérdida laboral, un duelo, el cuidado prolongado de un familiar enfermo. Si el estresor disminuye, la persona puede recomponerse. Pero cuando se sostiene en el tiempo y se vuelve crónico, puede abrir la puerta a cuadros más severos.
En la depresión, en cambio, la pérdida de interés y de energía se vuelve más profunda. “No puedo proyectar. No está pudiendo llevar a cabo su día a día, menos pensar en lo que va a hacer en un futuro”, explicó la jefa de Admisiones, al describir cómo se afecta la capacidad de planificar y de sostener actividades básicas.
Señales de alerta y dónde pedir ayuda
Muchas veces, las primeras señales las detecta el entorno: familiares o amistades que notan cambios en la conducta, menos ganas, menos disfrute, desinterés por actividades habituales, cancelaciones reiteradas o una caída marcada de la energía. Identificarlo a tiempo puede habilitar una pregunta simple y decisiva: qué está pasando.
“Hablar de depresión desde un enfoque cotidiano y realista ayuda a que más personas se identifiquen y se animen a pedir ayuda. La salud mental necesita dejar de ser un tabú para formar parte de la conversación diaria”, sostuvo Enríquez.
En San Luis, los especialistas recordaron que existen vías de consulta en el sistema público: hospitales, Centros de Atención Primaria de la Salud y equipos de Psicología para una primera entrevista. También los médicos de cabecera cumplen un rol clave como primera escucha y eventual derivación. “Cuando se detectan estos síntomas, lo importante es pedir ayuda. Puede ser a un familiar, un amigo, alguien cercano o directamente al sistema de salud”, reforzó Olguín Vinuesa.
Tras la primera consulta comienza el proceso de diagnóstico, porque cada caso presenta matices diferentes. Cuando es necesario, el psicólogo puede derivar a Psiquiatría para evaluar medicación. Los antidepresivos no tienen efecto inmediato: suelen comenzar a actuar luego de 15 a 20 días. “Trabajan sobre desajustes de neurotransmisores relacionados al estado de ánimo. Alivian síntomas para que la persona recupere energía y pueda empezar a modificar positivamente su humor”, explicó la especialista, y remarcó que el abordaje más efectivo suele ser combinado, con acompañamiento psicológico y, si corresponde, tratamiento psiquiátrico.
En una provincia donde la depresión ya figura entre las principales consultas, el mensaje de los profesionales es directo: no naturalizar el malestar. Detectar a tiempo, hablar, pedir ayuda y sostener un tratamiento adecuado puede marcar la diferencia entre atravesar un episodio y quedar atrapado en él.