Fútbol argentino

Ovación a Gallardo y silbidos al plantel en una despedida cargada en River

El Monumental despidió a Marcelo Gallardo con una ovación sostenida, pero descargó bronca contra el plantel con silbidos e insultos en la previa ante Banfield. La formación fue reprobada casi completa y el clima dejó expuesta una grieta entre el técnico y los jugadores.

El estadio Monumental ofreció este domingo una escena tan elocuente como incómoda: el adiós del segundo ciclo de Marcelo Gallardo como entrenador de River estuvo atravesado por el cariño incondicional al “Muñeco” y, en paralelo, por un fuerte repudio al plantel.

Antes del inicio del partido ante Banfield, la tribuna comenzó a marcar la cancha desde la entrada en calor. Hubo cánticos dirigidos a los futbolistas, con reclamos de actitud y compromiso en medio de un presente deportivo adverso que tensó la paciencia de los hinchas.

El clima se volvió más explícito cuando la voz del estadio anunció la formación. Salvo algunos juveniles, la mayoría de los jugadores fue reprobada. Entre los más apuntados quedó Maximiliano Salas, señalado con silbidos más intensos que el resto.

Ya con los equipos en cancha y bajo el arbitraje de Hernán Mastrángelo, la desaprobación no se diluyó. Bajaron insultos y el clásico “Jugadores, la c… de su madre”, que funcionó como síntesis del fastidio generalizado por el rendimiento reciente.

En contraste, el trato hacia Gallardo fue de homenaje permanente. El Monumental repitió una y otra vez el grito de “Muñeco, Muñeco”, con una ovación sostenida que atravesó la previa y acompañó el desarrollo del encuentro.

La diferencia quedó todavía más marcada tras el gol de Lucas Martínez Quarta, momento en el que la tribuna volvió a volcarse hacia la figura del entrenador, como si buscara separar su despedida del malestar acumulado con el equipo.

Así, la noche dejó un mensaje nítido: River despidió a su técnico más ganador con afecto y reconocimiento, pero también expuso, sin matices, que la relación con el plantel atraviesa uno de sus momentos más tirantes. El final del ciclo de Gallardo, además de emotivo, quedó signado por una advertencia que el próximo entrenador no podrá ignorar.

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