Estados Unidos
Trump pide 200 mil millones más para la guerra con Irán y evalúa una nueva escalada
La guerra con Irán sumó este jueves un nuevo capítulo de alto voltaje político y militar en Washington. Donald Trump avaló la necesidad de más fondos para sostener la ofensiva y dejó abierta la puerta a una profundización de las operaciones en Medio Oriente, en momentos en que el Pentágono busca más de 200.000 millones de dólares adicionales para financiar el conflicto.
El pedido presupuestario, que ya genera resistencias en el Congreso, fue confirmado por Reuters y otras fuentes vinculadas a la administración estadounidense. Según esos reportes, el Departamento de Defensa pretende reforzar el financiamiento de una guerra que comenzó el 28 de febrero y que, a esta altura, ya acumula costos multimillonarios diarios, además de crecientes cuestionamientos dentro y fuera del oficialismo.
Consultado sobre el impacto económico de esa decisión, Trump defendió la necesidad de destinar más recursos y sostuvo que se trata de “un pequeño precio a pagar” para mantener la primacía de Estados Unidos. Reuters también reportó que el mandatario dijo haber imaginado una reacción peor de los mercados y del petróleo frente a la escalada bélica, en un contexto en el que la energía volvió a dispararse por los ataques a infraestructura crítica en la región.
La discusión sobre el dinero no es el único frente abierto. El trasfondo más sensible pasa por el alcance real de la intervención militar. Una investigación de Reuters reveló que la Casa Blanca y el Pentágono evalúan distintas opciones para reforzar la operación, entre ellas asegurar el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz y, eventualmente, ampliar la presencia militar en torno a puntos estratégicos del Golfo.
Entre los escenarios analizados aparece incluso la posibilidad de actuar sobre la isla iraní de Kharg, nodo clave de las exportaciones petroleras del régimen. Reuters informó que dentro del gobierno estadounidense se estudian alternativas que van desde un bloqueo hasta acciones más agresivas para presionar a Teherán y forzar la reapertura segura de las rutas marítimas. Las propias fuentes oficiales admiten que una operación de ese tipo implicaría riesgos militares muy altos.
Sin embargo, el mensaje público de Trump intentó poner un límite discursivo a esa hipótesis. El miércoles, el propio presidente afirmó que no planea enviar tropas estadounidenses a la región, aunque agregó que hará “lo que sea necesario”. Esa ambigüedad dejó abierta una lectura doble: por un lado, buscó frenar el temor a una invasión terrestre; por el otro, no clausuró la posibilidad de nuevas acciones de fuerza si la guerra entra en otra fase.
El endurecimiento bélico llega, además, en un momento políticamente incómodo para la Casa Blanca. Reuters consignó que el pedido de fondos enfrenta objeciones de demócratas y también de algunos republicanos, preocupados por el costo fiscal, la falta de claridad sobre los objetivos finales y el desgaste político de una guerra que no despierta entusiasmo mayoritario en la opinión pública.
Así, el Gobierno de Trump quedó atrapado entre dos urgencias: sostener una ofensiva que no quiere mostrar débil y evitar que el conflicto derive en una guerra más larga, más cara y más impopular. El debate sobre los 200.000 millones de dólares no es solo una discusión presupuestaria. Es, en el fondo, la señal de que la guerra con Irán ya dejó de ser una intervención limitada y empieza a plantear preguntas más profundas sobre su escala, su duración y sus consecuencias.