Guerra

Israel golpeó South Pars y abrió una nueva escalada sobre la energía iraní

El ataque alcanzó instalaciones petroquímicas en Asaluyeh, dentro del mayor yacimiento de gas del mundo que Irán comparte con Qatar. Teherán admitió explosiones y cortes operativos, pero relativizó el alcance del daño, mientras Israel habló de un golpe económico severo.

La guerra entre Israel e Irán sumó este lunes un capítulo de alto voltaje estratégico: la aviación israelí atacó instalaciones vinculadas a South Pars, el gigantesco complejo gasífero y petroquímico de Asaluyeh, en el sur iraní. El golpe no fue uno más. Se trató de un blanco especialmente sensible para Teherán, porque South Pars es la principal columna vertebral de su sistema energético.

Los primeros reportes de medios iraníes hablaron de explosiones en el complejo petroquímico y de daños sobre empresas auxiliares que abastecen de electricidad, agua y oxígeno a las plantas de la zona. Según esas versiones, el impacto obligó a interrumpir el suministro eléctrico de las unidades petroquímicas de Asaluyeh, al menos hasta reparar la infraestructura afectada.

Desde Israel, en cambio, el mensaje fue todavía más contundente. El ministro de Defensa, Israel Katz, aseguró que el ataque dejó fuera de servicio instalaciones clave del sector energético iraní y afirmó que el objetivo fue profundizar el costo económico de la guerra. En esa línea, sostuvo que los bombardeos ya habrían afectado una parte sustancial de la capacidad petroquímica exportadora del régimen.

Teherán intentó bajar el tono sobre el daño estructural. Medios y voceros iraníes indicaron que el corazón de Pars Sur seguía operativo y que el país evaluaba técnicamente el alcance de los impactos. La diferencia entre ambas narrativas volvió a mostrar una constante de esta guerra: Israel exhibe el ataque como un golpe estratégico decisivo; Irán admite el impacto, pero busca transmitir capacidad de control y continuidad operativa.

La relevancia del objetivo explica por qué el episodio sacudió de inmediato al mercado energético. South Pars, compartido con Qatar, es el mayor yacimiento offshore de gas natural del mundo y aporta entre el 70% y el 75% de la producción gasífera iraní, además de sostener buena parte de su generación eléctrica y de su industria petroquímica. Cualquier daño persistente allí no solo golpea a Irán: también reaviva el temor a nuevas turbulencias globales en energía.

El ataque, además, llegó en un momento especialmente delicado. Mientras mediadores empujan una propuesta de alto el fuego entre Washington y Teherán, Israel volvió a golpear una infraestructura crítica y elevó el costo de cualquier salida diplomática. En paralelo, Irán mantiene una posición dura sobre el estrecho de Ormuz, otra pieza central del tablero energético mundial.

El resultado inmediato fue una nueva señal de escalada. Ya no se trata solo de bases, mandos militares o depósitos de armas: la guerra entró de lleno en el terreno de la energía, el pulmón económico de Irán. Y cuando los misiles empiezan a caer sobre esa clase de objetivos, el conflicto deja de medirse únicamente en términos militares para pasar a jugarse también en el precio del gas, del petróleo y de la estabilidad regional.

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