2026-10-05

COLUMNA

El tercer tercio no es un partido

— Memo de coyuntura política

 

Hace tiempo venimos hablando en estas columnas de una Argentina que parece ordenarse alrededor de dos grandes polos.

Javier Milei de un lado.

El peronismo del otro.

Pero entre ambos existe un universo considerable de ciudadanos que no termina de sentirse representado por ninguno.

A primera vista, parecería una oportunidad enorme.

Un tercio disponible.

Una avenida esperando ser ocupada.

El problema es que ese tercio existe mucho más como rechazo compartido que como identidad política común.

Y esa diferencia puede definir la elección de 2027.

No estar con ninguno no significa pensar igual

Dentro de ese espacio conviven personas muy diferentes.

Hay votantes que acompañaron a Milei en 2023 porque querían terminar con el ciclo anterior, pero hoy cuestionan formas, resultados o prioridades.

Hay antiguos votantes de Juntos por el Cambio que no se identifican con el estilo libertario.

Hay peronistas que no quieren volver al kirchnerismo.

Hay independientes.

Provincialistas.

Productivistas.

Liberales moderados.

Personas que reclaman más Estado en algunas áreas y menos en otras.

Y una enorme cantidad que simplemente está cansada de la política.

No conforman necesariamente un “centro” ideológico.

Conforman, antes que nada, un espacio de representación incompleta.

El error de la avenida del medio

La política argentina tiene una larga tradición de imaginar que entre dos polos existe automáticamente una tercera fuerza esperando aparecer.

No siempre funciona.

Porque la distancia respecto de los extremos no alcanza para construir identidad.

Decir “ni uno ni otro” puede describir un estado de ánimo.

Difícilmente alcance para explicar qué país se quiere construir.

Ese es el primer problema que enfrentarán los múltiples espacios que intenten disputar ese electorado en 2027.

Probablemente no haya una tercera opción.

Habrá varias.

Gobernadores.

Dirigentes provenientes del PRO.

Espacios provinciales.

Outsiders.

Experiencias de gestión local.

Nuevas coaliciones.

Todos mirando aproximadamente hacia el mismo universo.

Competir dentro del tercio

Ahí aparece una paradoja.

Mientras Milei y el peronismo pueden partir de núcleos electorales relativamente identificables, las alternativas intermedias deberán competir primero entre ellas antes de intentar disputarles votos a los dos grandes polos.

El verdadero desafío inicial no será alcanzar el 30%.

Será conseguir que dentro de ese 30% potencial una opción determinada resulte reconocible.

Que tenga identidad.

Que pueda explicar qué representa.

Y, sobre todo, qué la diferencia del resto.

Porque si aparecen cinco propuestas prometiendo racionalidad, producción, consenso, federalismo y gestión, la oferta puede terminar fragmentándose tanto como la demanda.

No alcanza con ser moderado

Existe además otra trampa.

Confundir este espacio con una demanda de moderación.

Una parte del electorado seguramente rechaza la confrontación permanente.

Pero eso no significa que busque dirigentes sin posiciones fuertes.

La sociedad puede pedir menos gritos y al mismo tiempo reclamar decisiones.

Puede querer diálogo sin resignar autoridad.

Puede valorar estabilidad sin querer inmovilismo.

Puede reconocer algunos logros de Milei y simultáneamente considerar insuficiente su modelo.

El desafío de cualquier tercera opción será demostrar que existe algo entre volver atrás y permanecer exactamente donde estamos.

El voto de 2023 tampoco fue un error

Este punto resulta especialmente importante.

Muchos de los ciudadanos que podrían abandonar a Milei no necesariamente consideran equivocada su decisión de 2023.

Pueden pensar que aquella elección cumplió una función.

Terminar con una etapa.

Ordenar determinadas variables.

Romper estructuras.

Eso no significa que consideren que el mismo liderazgo sea necesariamente el indicado para la siguiente fase.

En política, cambiar nuevamente no implica siempre arrepentirse.

Puede significar creer que comenzó otra etapa.

La pelea por la viabilidad

Finalmente aparece el problema más difícil.

Una tercera opción puede resultar atractiva y aun así no ser votada.

¿Por qué?

Porque los ciudadanos también calculan posibilidades.

En un escenario polarizado, muchos votantes terminan abandonando su opción preferida para evitar el triunfo de aquella que más rechazan.

Por eso, antes de llegar a la elección, cualquier alternativa deberá resolver algo mucho más elemental que su discurso: ser percibida como una posibilidad real y no como un testimonio.

🎯 Tres claves

1. El tercer tercio existe, pero no es homogéneo. Lo une más la ausencia de representación que una identidad compartida.

2. Habrá competencia dentro de la competencia. Las alternativas no solo deberán disputar votos con Milei y el peronismo: primero tendrán que diferenciarse entre ellas.

3. La moderación por sí sola no construye una fuerza política. Para transformar desencanto en representación hacen falta identidad, propuestas y percepción de viabilidad.


En 2027 probablemente haya muchos candidatos intentando ocupar el espacio entre Milei y el peronismo.

La pregunta no será solamente quién logra llegar hasta allí.

Será mucho más difícil: ¿quién consigue convertir un conjunto de huérfanos políticos en una comunidad electoral?

La semana próxima: qué condiciones necesita una tercera fuerza para dejar de ser una opción atractiva y convertirse en una opción posible.

Temas de esta nota
Te puede interesar