Crisis educativa

Francia: la Policía reprimió con gases lacrimógenos a estudiantes durante las protestas

La nueva jornada de movilizaciones terminó con enfrentamientos y varios jóvenes heridos. La escalada de violencia llevó al Gobierno a suspender temporalmente el uso de granadas aturdidoras mientras se investigan los operativos policiales.

Las protestas estudiantiles que atraviesan Francia volvieron a estar marcadas por la tensión entre manifestantes y fuerzas de seguridad. La Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a grupos de estudiantes durante una nueva jornada de movilizaciones, mientras continúan los bloqueos y las tomas de establecimientos educativos.

El movimiento comenzó a mediados de septiembre y se extendió progresivamente por distintas ciudades del país. Los estudiantes reclaman mayores recursos para la educación pública, mejores condiciones edilicias, más docentes y una reducción de la sobrecarga horaria, en medio de un deterioro que afecta especialmente a los establecimientos de zonas más desfavorecidas.

La jornada del martes había sido la más multitudinaria desde el inicio del conflicto. El Ministerio del Interior contabilizó 266.000 manifestantes en todo el país, incluidos unos 56.000 en París, mientras que los organizadores elevaron la cifra a 450.000. En varias ciudades hubo enfrentamientos y la Policía recurrió a gases lacrimógenos y otros dispositivos antidisturbios.

La respuesta policial quedó bajo la lupa

La actuación de las fuerzas de seguridad generó fuertes críticas después de varios episodios en los que adolescentes resultaron gravemente heridos. Uno de los casos más graves ocurrió en Lens, donde un estudiante de 15 años perdió una mano durante un enfrentamiento con la Policía.

También se investiga el caso de otro adolescente que sufrió lesiones en el rostro después de recibir el impacto de una granada de gas lacrimógeno. En total, las autoridades informaron que 215 estudiantes y 88 trabajadores del sistema educativo resultaron heridos durante las protestas.

Ante la creciente polémica, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció este miércoles la suspensión temporal del uso de granadas aturdidoras durante las movilizaciones estudiantiles, mientras se investigan las circunstancias de las lesiones. Además, la inspección policial abrió 18 investigaciones internas por posibles irregularidades en los operativos.

El conflicto también tuvo un fuerte impacto en el funcionamiento del sistema educativo. Más de 500 escuelas permanecen cerradas o afectadas por las movilizaciones, mientras que miles de estudiantes participan de bloqueos y manifestaciones en distintas regiones. Desde el comienzo de la ola de protestas se registraron alrededor de 6.500 detenciones, según las autoridades francesas.

El Gobierno busca contener el conflicto

El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, reconoció la legitimidad de los reclamos estudiantiles, aunque condenó los episodios de violencia registrados durante las movilizaciones. El presidente Emmanuel Macron, por su parte, convocó a una reunión de urgencia con sus principales ministros para analizar la situación.

El reclamo excedió además a los estudiantes secundarios. Universitarios, docentes, padres, sindicatos y otros sectores de la sociedad se sumaron a las movilizaciones, ampliando el alcance de una protesta que comenzó vinculada a problemas concretos de las escuelas y terminó convirtiéndose en un conflicto social de alcance nacional.

Mientras el Gobierno intenta abrir una vía de diálogo, las organizaciones estudiantiles anticiparon nuevas movilizaciones. El conflicto deja así dos frentes abiertos: la presión para aumentar la inversión y mejorar las condiciones de la educación pública y la creciente discusión sobre el uso de la fuerza policial frente a manifestantes menores de edad.

Te puede interesar