HISTORIA CONMOVEDORA
Adoptaron a un bebé con una enfermedad irreversible para que pudiera morir rodeado de amor
Una historia de amor, solidaridad y profundo dolor conmueve a San Juan. Un matrimonio adoptó a un bebé de apenas cuatro meses que tenía una enfermedad irreversible, con el único propósito de brindarle una familia, una identidad y el afecto de sus padres durante el tiempo que le quedaba de vida.
El pequeño había permanecido internado desde su nacimiento y su estado de salud era extremadamente delicado. A pesar del pronóstico médico, la pareja decidió asumir su cuidado y avanzar con una adopción plena, aun sabiendo que probablemente no podrían compartir mucho tiempo juntos.
La historia, difundida por Diario de Cuyo y MDZ, tuvo un desenlace doloroso: el niño falleció pocos días después de que se completaran los trámites judiciales. Sin embargo, sus últimos momentos transcurrieron acompañado por quienes habían decidido convertirlo en su hijo.
El matrimonio estaba inscripto en el Registro Único de Adopción (RUA) de San Juan cuando surgió la posibilidad de adoptar al pequeño.
El bebé se encontraba internado en el Hospital Rawson y había sido trasladado al área de terapia intensiva pediátrica debido a un cuadro que los profesionales consideraban gravísimo e irreversible.
Frente a esa situación, la pareja tomó una decisión excepcional: solicitar que se acelerara el procedimiento judicial para reconocer legalmente el vínculo familiar antes de que se produjera el fallecimiento.
No buscaban modificar el pronóstico médico, sino garantizar que el niño pudiera atravesar sus últimos días con el reconocimiento y el acompañamiento de una familia.
También solicitaron que llevara los apellidos elegidos por ellos y que, llegado el momento, pudieran hacerse responsables de su despedida.
La Justicia aceleró la adopción y resolvió el trámite en un mes
La particularidad del caso llevó a una intervención coordinada de distintos organismos provinciales.
La jueza de Familia Marianela López encabezó el procedimiento que permitió resolver la guarda, la adopción plena y el cambio de identidad en aproximadamente un mes, un plazo excepcional para este tipo de trámites.
La Asesoría Oficial y el Ministerio Público Fiscal emitieron sus dictámenes favorables y la magistrada dispuso que el Registro Civil confeccionara con urgencia una nueva partida de nacimiento.
De esta manera, el bebé pudo recibir legalmente el nombre y los apellidos elegidos por sus padres adoptivos.
La resolución también autorizó al matrimonio a hacerse cargo del velatorio y del sepelio en caso de fallecimiento.
En el procedimiento participaron la Oficina Judicial de Familia, el Registro Único de Adopción, la Asesoría Oficial, el Ministerio Público Fiscal, el Hospital Rawson, el Registro Civil y la asociación Casa Cuna.
El estado de salud del pequeño continuó siendo crítico y, pese a los cuidados médicos, falleció pocos días después de completarse la adopción.
La decisión judicial no pudo cambiar el desenlace de su enfermedad, pero permitió que el niño fuera reconocido legalmente como hijo de la pareja que lo había elegido.
Sus padres pudieron acompañarlo durante sus últimos momentos y asumir también la responsabilidad de despedirlo.
La historia pone de relieve una dimensión de la adopción que no siempre está vinculada con la expectativa de compartir toda una vida, sino también con la posibilidad de ofrecer contención, pertenencia y afecto ante situaciones de extrema vulnerabilidad.
Una historia que pone en valor el derecho a tener una familia
El caso de San Juan también mostró la importancia de la articulación entre la Justicia, el sistema sanitario y los organismos de protección de la infancia.
La rapidez del procedimiento respondió a una circunstancia excepcional: el riesgo de que el niño falleciera antes de que pudiera formalizarse su incorporación a una familia.
La intervención permitió reconocer jurídicamente un vínculo afectivo que la pareja ya había decidido asumir, priorizando el bienestar del bebé durante sus últimos días.
El pequeño vivió apenas cuatro meses, pero antes de morir tuvo un nombre, una familia y dos personas que lo eligieron como hijo, aun sabiendo que el tiempo juntos sería breve.
Una historia atravesada por la pérdida, pero también por una decisión de amor que le permitió recibir el acompañamiento de sus padres hasta el final.