Vivienda
El sueño de la casa propia llegó en Potrero, pero sin la madre que más lo esperaba
Bajo una lluvia intensa y en un clima cargado de emoción, ocho familias recibieron este martes las llaves de sus viviendas en Potrero de los Funes. Entre ellas, la historia de Miguel Lucero y Mariela Garay se volvió un símbolo de perseverancia: esperaron 14 años para acceder a la casa propia y, cuando finalmente llegó el día, lo vivieron con alegría y con un dolor inevitable.
“Después de un largo periodo, donde pasaron un montón de cosas, podemos concretar el sueño de la vivienda”, dijo Lucero, con la voz quebrada, tras recibir la llave de manos del gobernador Claudio Poggi. A su lado, Garay resumió el recorrido como una mezcla de insistencia, frustración y regreso de la esperanza cuando parecía agotada.
“Fueron muchos años”, señaló. Y recordó uno de los momentos más duros del proceso: “Nos inscribimos y pasado un cierto tiempo nos dieron la noticia de que ya no estábamos más inscriptos en ninguna parte y no íbamos a contar con nuestra casa”. La familia transitó oficinas, gestiones y respuestas inconclusas. “Se transitaron muchos caminos, nunca nos daban una solución”, agregó.
El giro llegó hace poco tiempo, cuando, según contaron, les confirmaron que los planes Progreso y Sueños se concretarían. La noticia reordenó expectativas y abrió un horizonte nuevo. Pero el 2025 también dejó una herida: la madre de Mariela falleció antes de poder presenciar la entrega de la vivienda.
“Lamentablemente mamá falleció y nos hubiera gustado mucho que ella estuviese presente junto a nosotros. Pero sé que también está hoy en este hermoso momento”, expresó Garay. Para ella, el día quedó atravesado por esa ausencia y por un recuerdo persistente: “Ella soñaba que tuviéramos nuestra propia casa. Siempre lo quiso y estaba muy a la expectativa de lo que iba a pasar con esta vivienda”.
El momento tuvo, además, un componente simbólico por la cercanía de las fiestas. “Estamos muy próximos a una fecha importantísima para esta familia que es la Navidad y un sueño cumplido”, sostuvo Mariela, al describir una escena que, pese al mal tiempo, no perdió calidez. La lluvia, lejos de opacar la entrega, le dio un tono casi ceremonial. “Lo consideramos como un día bendito”, dijo.
En la nueva casa también habrá un vínculo con esa historia familiar: Flor, una perrita que pertenecía a la madre de Mariela y que hoy forma parte del hogar que empieza. “Era la mascota de mi madre y ahora pertenece a esta familia”, contó, como quien acomoda una pieza íntima dentro del nuevo capítulo.
La entrega de las ocho viviendas cerró con fotos, abrazos y agradecimientos. Para Lucero y Garay, el hecho no fue solo un trámite concluido: fue el final de una espera larga y el inicio de una vida distinta, con una llave en la mano y una presencia ausente que, de algún modo, siguió acompañando.