sábado 5 de septiembre de 2026

Historia de vida

El puntano Nahuel Ulariaga volvió a brillar en Godoy Cruz y emociona con su resiliencia

El delantero con raíces en San Luis fue figura en el triunfo de Godoy Cruz ante Acassuso, con un gol y una asistencia. Detrás de su gran presente hay una historia marcada por cuatro roturas de ligamentos y una recuperación que lo convirtió en símbolo de perseverancia.
El puntano Nahuel Ulariaga, alma de Godoy Cruz y un ejemplo de resiliencia
El puntano Nahuel Ulariaga, alma de Godoy Cruz y un ejemplo de resiliencia

Nahuel Ulariaga atraviesa uno de esos momentos que exceden lo futbolístico. Este fin de semana fue la figura en la victoria 2 a 0 de Godoy Cruz sobre Acassuso, por la fecha 8 de la Primera Nacional: convirtió de penal el primer gol y participó de la jugada que terminó en el tanto de Vicente Poggi. En el Feliciano Gambarte, el público lo ovacionó no solo por su rendimiento, sino por todo lo que representa su regreso.

A sus 24 años, Ulariaga volvió a ser decisivo en un equipo que pelea arriba y sueña con regresar a Primera. Su actuación ante Acassuso confirmó algo que en Mendoza ya no sorprende: cuando está bien físicamente, es un delantero capaz de cambiar el partido con gol, presión y sacrificio. También había sido clave semanas antes en el triunfo frente a Ferro, cuando cortó una racha adversa en casa y volvió a festejar.

Pero el presente del atacante se entiende mejor cuando se mira hacia atrás. Su debut en Primera División llegó el 27 de diciembre de 2020 ante Racing y fue impactante: entró, convirtió a los cinco minutos y parecía iniciar una irrupción ideal. Sin embargo, ese mismo día sufrió la primera gran lesión de su carrera, una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha.

Ese golpe no fue el único. Con el paso del tiempo, Ulariaga encadenó una secuencia devastadora: volvió a lesionarse de gravedad y terminó acumulando cuatro roturas de ligamentos, la última en 2024. En agosto de 2025, TyC Sports destacó que había regresado a la actividad profesional luego de superar su cuarta lesión ligamentaria, después de casi un año de recuperación.

Lejos de rendirse, eligió insistir. Cada rehabilitación lo obligó a empezar de nuevo, a reconstruirse física y mentalmente y a sostener una carrera que parecía quebrarse una y otra vez. Por eso, cada gol suyo tiene hoy una carga distinta: ya no habla solo del delantero, sino también del sobreviviente deportivo que se negó a bajar los brazos.

Su historia, además, tiene una fuerte raíz puntana. Aunque nació en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, se mudó de chico a San Luis, hizo infantiles en Juventud Unida Universitario y vivió en La Punta antes de dar el salto a Godoy Cruz en 2016. Esa formación en tierra puntana es la que explica que en San Luis lo sigan sintiendo como propio.

Hoy, Ulariaga volvió a ser noticia por lo que hace dentro de la cancha. Pero su valor va más allá del resultado o de una buena tarde en Mendoza. En un fútbol donde muchas carreras se apagan antes de tiempo, el delantero construyó otra cosa: una historia de resistencia. Y cada vez que vuelve a convertir, también vuelve a confirmar que su mayor triunfo fue no entregarse nunca.