Sociedad
El último adiós a Cabezón, el perro que se ganó el corazón de San Luis
San Luis despidió este miércoles a uno de sus personajes más queridos. Cabezón, el perro callejero que durante años recorrió el centro de la ciudad y terminó convertido en un símbolo afectivo para miles de vecinos, murió a los 21 años después de atravesar un prolongado deterioro de salud.
La noticia fue confirmada por Gabriela Pedernera, quien lo acompañó durante casi 11 años y compartió en redes sociales un emotivo mensaje de despedida.
“La verdad no sé cómo encabezar esta publicación… Cabezón decidió partir. Fueron meses complicados, pero la peleó, batalló contra todos los cambios que su cuerpito le presentaba hasta que ya no tuvo fuerzas. Se fue acompañado, atendido, calentito. No fue fácil acompañarlo durante estos casi 11 años, pero no cambiaría un día de nuestra vida juntos”, escribió.
En el mismo mensaje, Gabriela agradeció a todos los que formaron parte de la vida del perro. “Gracias a todos por ser parte. Por acompañarlo, auxiliarlo, defenderlo y compartir un momento con este ser tan especial, que tanto disfrutaba estar rodeado de gente y ser parte de todo. Te vamos a extrañar, perrito con un corazón gigante”, expresó.
Cabezón había dejado de ser hace mucho tiempo un perro callejero más. Era una presencia habitual en la Plaza Pringles, en los bares de la avenida Illia, en la Universidad y en cada espacio donde hubiera vecinos reunidos.
También participaba de marchas, actos, festivales y encuentros como uno más de la ciudad. Siempre rodeado de personas que lo reconocían, lo acariciaban o simplemente se detenían a saludarlo.
Su historia cambió hace poco más de una década, cuando Gabriela lo conoció de manera inesperada en la Plaza Pringles. Ella atravesaba el duelo por la muerte de su perra y, según contó en distintas oportunidades, Cabezón se acercó, se sentó a su lado y le dio la mano. Desde entonces, construyeron un vínculo inseparable.
Con el paso de los años, el perro se transformó en un emblema del centro puntano y también en un símbolo de los animales callejeros. Su vida ayudó a despertar conciencia sobre el cuidado, el respeto y la protección de los perros abandonados.
Su partida generó una profunda conmoción entre vecinos, estudiantes, comerciantes y proteccionistas que durante años compartieron algún momento con él. Para muchos, Cabezón fue mucho más que una mascota comunitaria: fue compañía, ternura y presencia cotidiana.
San Luis lo despide como se despide a los seres que dejan huella. Porque Cabezón logró algo poco común: convertirse en patrimonio afectivo de una ciudad entera.