Infancia
El 62% de los chicos de tercer grado en San Luis ya tiene celular y alertan por los riesgos
El celular ya forma parte de la vida cotidiana de los chicos desde edades cada vez más tempranas. En San Luis, el 62% de los alumnos de tercer grado de primaria tiene un teléfono propio, un porcentaje superior al promedio nacional y que vuelve a poner en discusión el acompañamiento de los adultos, los límites y los riesgos asociados al mundo digital.
Los datos surgen del informe “Celulares: ¿Prohibir o no prohibir?”, elaborado por Argentinos por la Educación a partir del operativo Aprender 2024. A nivel nacional, el 59% de los estudiantes de alrededor de 8 años tiene celular propio, otro 23% utiliza el de su madre, padre o algún familiar y apenas el 18% no tiene acceso a uno.
La situación abre un debate que excede a la propiedad del dispositivo. Para los especialistas, el principal riesgo aparece cuando el teléfono comienza a utilizarse sin límites claros ni supervisión adulta.
“Quienes trabajamos con niños pequeños observamos que el efecto de la exposición temprana a las pantallas aparece antes, incluso en la primera infancia. El riesgo aparece cuando se interpreta que, por ser propio, el niño o adolescente puede usarlo sin límites o sin supervisión adulta”, explicó Florencia Curello, psicopedagoga de Villa de Merlo e integrante de la Asociación de Psicopedagogía de San Luis.
El nivel de acceso se profundiza rápidamente con la edad. La encuesta Kids Online Argentina 2025, desarrollada por UNICEF y UNESCO sobre 5.910 estudiantes de entre 9 y 17 años, determinó que el 95% tiene acceso a un celular propio con conexión a internet. Incluso entre los chicos de 9 a 11 años, esa proporción alcanza el 86%.
Apuestas, violencia y contenidos que preocupan
La disponibilidad de un teléfono abre oportunidades educativas y de comunicación, pero también expone a niños y adolescentes a contenidos para los que muchas veces no cuentan con herramientas suficientes.
Entre los adolescentes de 12 a 17 años, el 67% vio contenidos vinculados con formas de adelgazar, el 64% publicaciones sobre maneras de ganar dinero fácilmente, el 55% mensajes discriminatorios y el 53% imágenes violentas. Además, el 47% estuvo expuesto a imágenes o videos de contenido sexual y el 31% encontró información relacionada con formas de lastimarse físicamente.
Las apuestas online aparecen entre los principales focos de preocupación. El relevamiento de UNICEF y UNESCO muestra que el 61% de los chicos de entre 9 y 17 años conoce a alguien que apostó dinero por internet, mientras que el 24% de los adolescentes de 12 a 17 reconoce haber apostado alguna vez.
En Argentina, las apuestas están prohibidas para los menores de 18 años. Sin embargo, el acceso a plataformas ilegales, billeteras virtuales y mecanismos intermediarios dificulta los controles y facilita el ingreso de adolescentes al juego.
Ana Quiroga, licenciada en Psicología, magíster en Adicciones y coordinadora de un grupo de juego problemático del Centro Provincial de Prevención y Asistencia de las Adicciones (CPAA), advirtió que la promesa de obtener dinero rápidamente puede resultar especialmente atractiva durante la adolescencia.
“La vulnerabilidad está también en el deseo de independencia económica, en un contexto de inmediatez y de consumo, y lleva a muchos jóvenes a ver el mundo de las apuestas como una opción rápida y válida para obtener ingresos”, señaló.
El ciberacoso y el uso problemático
La convivencia escolar tampoco queda al margen de lo que ocurre detrás de una pantalla. El estudio Kids Online reveló que el 21% de los estudiantes fue lastimado o tratado de manera desagradable en internet por otro alumno de su propia escuela durante 2024. Entre los mayores de 12 años, la incidencia aumenta al 25%.
“El ciberacoso puede tener consecuencias emocionales y psicológicas muy profundas. Quienes lo sufren pueden experimentar ansiedad, tristeza, vergüenza, aislamiento, miedo, alteraciones del sueño y disminución de la autoestima”, explicó Curello.
Otra señal aparece en la relación cotidiana con los dispositivos. Un 18% de los chicos y adolescentes reconoce dos o más indicadores de uso problemático, entre ellos dejar de comer o dormir, empeorar el rendimiento escolar, tener conflictos familiares o intentar sin éxito pasar menos tiempo frente al celular.
Para Quiroga, algunas señales que requieren atención son los cambios bruscos de hábitos o de ánimo, irritabilidad, aislamiento, pérdida de interés por actividades habituales, necesidad constante de conexión, problemas para controlar el tiempo de pantalla o, en el caso de las apuestas, dificultades para controlar el dinero utilizado.
Sin embargo, la especialista remarcó que ninguno de esos indicadores permite establecer por sí solo que exista una dependencia. El análisis debe hacerse teniendo en cuenta la frecuencia, la intensidad y el impacto que esas conductas generan en la vida cotidiana.
Qué pasa con la atención y el aprendizaje
Los especialistas también ponen el foco sobre las consecuencias de una exposición excesiva durante las etapas de desarrollo.
Curello explicó que durante la infancia se encuentran en formación capacidades esenciales como el lenguaje, la atención, el juego simbólico, la comunicación y las habilidades sociales. Por eso, la pregunta no pasa únicamente por cuánto tiempo está un chico frente a una pantalla, sino también por qué actividades está dejando de realizar mientras permanece conectado.
La presencia permanente del celular y las notificaciones también puede fragmentar la atención. Según la psicopedagoga, cada interrupción obliga al cerebro a realizar un nuevo esfuerzo para retomar la tarea, algo que puede perjudicar la comprensión, la memoria y la profundidad del aprendizaje.
El propio informe de Argentinos por la Educación plantea una mirada prudente sobre las prohibiciones. La evidencia internacional indica que restringir los celulares dentro de las escuelas efectivamente reduce las distracciones y el tiempo de utilización, pero los resultados sobre mejoras concretas en el rendimiento académico todavía son mixtos.
El acompañamiento adulto puede marcar la diferencia
Uno de los datos más relevantes de Kids Online apunta directamente al rol de las familias. Las conductas de riesgo disminuyen a medida que aumenta la mediación parental, que incluye explicar cómo navegar de manera segura, establecer reglas, conversar sobre contenidos problemáticos y fijar límites sobre los horarios de conexión.
“Hay que tener diálogo genuino, escucha activa y acompañamiento”, sostuvo Quiroga, quien también remarcó que los adultos deben convertirse en referentes a través de su propio comportamiento frente a las pantallas.
Curello resumió el desafío con una pregunta: qué experiencias fundamentales para el desarrollo están siendo desplazadas por el tiempo frente al teléfono. Jugar, conversar, leer, compartir con otras personas, aburrirse, resolver problemas y atravesar frustraciones siguen siendo experiencias centrales para la construcción del pensamiento.
En San Luis, quienes atraviesen situaciones relacionadas con apuestas o dependencia de las pantallas pueden recurrir al Centro Provincial de Prevención y Asistencia de las Adicciones (CPAA), que trabaja tanto con las personas afectadas como con sus familias. Su sede en la capital está ubicada en avenida Lafinur 853.
Según explicó Quiroga, el organismo cuenta además con grupos terapéuticos vinculados al juego problemático y la dependencia de las pantallas, además de espacios de orientación para familiares.
Los números muestran que el celular llegó a edades cada vez más tempranas y difícilmente desaparezca de la vida de los chicos. El desafío, coinciden los especialistas, ya no pasa solamente por permitirlo o prohibirlo, sino por enseñar a utilizarlo con límites, acompañamiento y herramientas para reconocer los riesgos.