Cultura
El cuarteto fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO
El cuarteto, uno de los ritmos más emblemáticos de la Argentina y parte inseparable de la identidad cordobesa, alcanzó este miércoles un reconocimiento histórico: la UNESCO lo incorporó oficialmente a la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Con esta distinción, el género popular nacido hace ocho décadas en Córdoba se convierte en un símbolo global de diversidad, creatividad y comunidad.
La designación se formalizó en la vigésima sesión del Comité Intergubernamental de la UNESCO, realizada en Nueva Delhi, India. Allí, representantes argentinos defendieron la candidatura resaltando el valor social, musical y afectivo que el cuarteto sostiene desde sus orígenes. El fallo favorable consagra un proceso de dos años impulsado inicialmente por la gestión municipal de Martín Llaryora y continuado por el actual intendente, Daniel Passerini, junto con el Ministerio de Cultura de la Nación y la Cancillería.
El expediente presentado bajo el nombre “Cuarteto, Música, Letra y Danza en la Ciudad de Córdoba” reunió aportes de especialistas, historiadores y protagonistas del género. El documento recuperó su trayectoria desde los bailes barriales de mediados del siglo pasado hasta su expansión nacional, destacando el rol social del “tunga-tunga”, su ritual colectivo y su capacidad para unir generaciones.
La UNESCO valoró al cuarteto como un patrimonio vivo, en línea con la definición aprobada en 2003 para el Patrimonio Cultural Inmaterial: expresiones, conocimientos y prácticas que las comunidades reconocen como parte esencial de su identidad. En ese sentido, el organismo subrayó su evolución constante, su adaptación a nuevos tiempos y la importancia de sus prácticas asociadas: la pista de baile, las señas barriales, los instrumentos y los códigos de pertenencia.
El cuarteto nació en 1943 con una sonoridad marcada por el 2/4 y una mezcla única de influencias criollas y europeas. Aquellas primeras orquestas, con piano, violín, acordeón, contrabajo y voces potentes, encontraron en Leonor Marzano y los pioneros del género a los artífices de un sonido que pronto se volvió parte del pulso cotidiano de Córdoba. Desde entonces, su evolución fue permanente: en los años 70 sumó influencias caribeñas y afrolatinas, incorporó secciones de viento y consolidó un estilo propio capaz de atravesar décadas, censuras y transformaciones sociales.
A esa historia se sumaron figuras que ampliaron su alcance y lo llevaron a los grandes escenarios del país: desde la energía inigualable de La Mona Jiménez hasta el fenómeno nacional de Rodrigo Bueno. Cada artista dejó una impronta que contribuyó a que el cuarteto se mantenga vigente, cercano y profundamente arraigado en la vida popular.
Hoy, los bailes cuarteteros siguen siendo encuentros multitudinarios que mezclan generaciones, barrios y lenguajes propios. Las orquestas, con más de ocho músicos en escena, son parte de un ritual que combina música, danza y comunidad. En la pista, el público sostiene una tradición que se renueva en cada compás del “tunga-tunga”, donde cada paso, seña y coreografía construye identidad.
La declaración de la UNESCO representa un reconocimiento al valor cultural y social del cuarteto, pero también abre una nueva etapa para su preservación y difusión internacional. Para Córdoba y para el país, significa la consagración de un género que dejó de ser solo música para convertirse en un símbolo emocional y comunitario.
Con esta distinción, el cuarteto no solo celebra su historia: reafirma su condición de patrimonio vivo y su capacidad de seguir acompañando la vida cotidiana de millones de argentinos. Desde hoy, su sonido ya no pertenece únicamente a Córdoba. Es parte del patrimonio cultural del mundo.