Juana Koslay
Los vecinos le pararon el carro a Toti Videla y tiraron abajo el nuevo impuesto
En política, a veces la realidad se impone más rápido que los comunicados oficiales.
El intendente Jorge “Toti” Videla creyó que podía seguir exprimiendo a los vecinos con una nueva tasa municipal y terminó con una plaza llena de gente gritándole que no.
La historia empezó en silencio, entre expedientes y firmas rápidas: una tasa especial de $20.000 por contribuyente, justificada como “aporte para reforzar la seguridad”.
Nadie lo consultó, nadie lo explicó.
El Concejo Deliberante la aprobó en piloto automático y la comunicación oficial la presentó como un “fondo solidario”.
Pero los vecinos leyeron otra cosa: un manotazo al bolsillo disfrazado de buena intención.
Cuando el domingo se levantó la veda electoral, la bronca contenida explotó.
En cuestión de horas, las redes se llenaron de mensajes, audios y convocatorias.
A la noche, la rotonda de Cruz de Piedra, ese lugar donde el intendente suele posar para las fotos, se transformó en escenario de una protesta espontánea.
Videla apareció con gesto adusto y una remera con el número 3 en la espalda.
Tal vez quiso mostrarse como el estratega del equipo, pero la escena fue otra: un funcionario acorralado por su propia gente.
Frente a los cánticos, no le quedó más remedio que prometer que la ordenanza sería anulada.
Una derrota política en vivo y en directo.
La medida, que había sido presentada como una política de “seguridad ciudadana”, nació mal y murió peor.
No había plan, ni auditoría, ni destino claro para los fondos.
Solo el reflejo clásico de quienes gobiernan mirando la caja antes que la calle.
Videla creyó que podía llenar el vacío de gestión con más impuestos.
El resultado fue el opuesto: vecinos unidos, hartos de la improvisación y de una administración que parece desconectada de la vida real.
Juana Koslay habló fuerte.
Y el intendente, esta vez, tuvo que escuchar.
La postal final resume todo: vecinos con carteles y bocinas, el intendente retrocediendo y una sensación de hartazgo que atraviesa las ciudades de San Luis.
Cuando la política se encierra en sí misma, la gente la baja de un hondazo.