lunes 21 de septiembre de 2026

La vuelta de los mismos

Adolfo desempolvó a Mario Raúl Merlo y confirmó que el adolfismo solo ofrece pasado

El expresidente volvió a ubicar al seis veces intendente en la carrera por Villa Mercedes. Mientras el espacio intenta presentarse como una alternativa para 2027, sus principales candidatos continúan saliendo del mismo archivo político que gobierna sus decisiones desde hace décadas.

 

Adolfo Rodríguez Saá salió a buscar un candidato para gobernar la Villa Mercedes del futuro y regresó con Mario Raúl Merlo bajo el brazo.

Lo sacó del archivo, le quitó el polvo y volvió a colocarlo en la vidriera.

Otra vez.

En un video difundido por las redes sociales, el exgobernador dejó en claro que Merlo será su hombre para disputar la Intendencia. El propio dirigente ya había condicionado públicamente una eventual candidatura a que Adolfo compitiera por la Gobernación. La fórmula empieza a tomar forma: uno quiere volver a Terrazas del Portezuelo y el otro pretende regresar al edificio municipal.

No es renovación.

Es restauración.

El adolfismo intenta vender una propuesta para 2027, pero los nombres parecen elegidos en una reunión celebrada varias décadas atrás.

Para la Provincia, Adolfo.

Para Villa Mercedes, Merlo.

Para lo nuevo, los de siempre.

Mario Raúl Merlo no necesita presentación. Fue intendente de Villa Mercedes durante seis períodos y se convirtió en el dirigente con más mandatos al frente del municipio. Su sexta gestión comenzó en diciembre de 2015, cuando ya llevaba una extensa trayectoria dentro del poder provincial y municipal.

Ahora quieren ofrecerle una séptima temporada a una ciudad que ya conoce todos los capítulos.

Adolfo tampoco acaba de llegar. Fue gobernador durante cinco mandatos consecutivos, presidente durante una semana, senador nacional y conductor de una estructura que dominó la política de San Luis durante buena parte de la democracia.

No están dando sus primeros pasos.

Están buscando otra vuelta olímpica después de haber corrido la carrera durante décadas.

La edad no debería invalidar a ningún dirigente. La experiencia puede ser valiosa y la participación política no tiene fecha de vencimiento.

Pero una cosa es aportar experiencia.

Otra es impedir permanentemente el recambio.

El problema no está en las fechas de nacimiento. Está en la fecha de fabricación de la propuesta.

El adolfismo promete futuro con olor a naftalina.

Habla de reconstrucción, pero abre el placard y vuelve a ponerse el mismo traje.

Se presenta como una alternativa, aunque sus candidatos parecen elegidos por un comité de exfuncionarios reunido en el pasado.

Después de tantos años de poder, la ausencia de nuevos nombres no puede explicarse como una casualidad. Es el resultado de una forma de conducción en la que los jóvenes pueden militar, organizar actos, repartir boletas y sostener estructuras, pero rara vez son habilitados para disputar los lugares principales.

Los nuevos cargan las sillas.

Los históricos se sientan.

Los jóvenes preparan el escenario.

Los mismos de siempre toman el micrófono.

Y cuando llega el momento de definir candidaturas, la renovación queda esperando afuera de la oficina.

La elección de Merlo expone ese problema con una crudeza difícil de disimular. Después de seis gestiones municipales, el espacio no consiguió formar a una sola figura capaz de encabezar un proyecto propio para Villa Mercedes.

No apareció una nueva generación.

Apareció la repetición.

No hubo una cantera de dirigentes.

Hubo una sala de espera.

Y muchos de quienes comenzaron jóvenes dentro del espacio probablemente terminen envejeciendo antes de que sus conductores decidan correrse.

Adolfo pudo haber impulsado a un profesional, un comerciante, un empresario, un trabajador, un concejal o una figura surgida de los barrios. Pudo abrir una competencia interna y permitir que Villa Mercedes conociera nuevas voces.

Eligió desempolvar a Merlo.

La decisión dice mucho más sobre el estado del adolfismo que sobre las condiciones personales del exintendente.

Un espacio fuerte no depende eternamente de sus fundadores.

Forma equipos.

Construye sucesores.

Permite que otros crezcan.

Comprende que conducir no consiste solamente en ocupar lugares, sino también en saber cuándo liberarlos.

El adolfismo hizo exactamente lo contrario.

Convirtió la experiencia en permanencia y la conducción en propiedad.

Por eso el anuncio tampoco surgió de una discusión política abierta en Villa Mercedes. No hubo internas, debates ni presentación de distintas propuestas. Adolfo habló y señaló a su candidato.

El dedo volvió antes que la renovación.

La vieja fórmula continúa intacta: el conductor elige, la estructura obedece y después se intenta presentar la decisión como un reclamo de la gente.

Es el método del pasado aplicado a candidatos del pasado para intentar recuperar el poder en el futuro.

Merlo puede mostrar sus gestiones y defender su trayectoria. Adolfo puede reivindicar las obras y decisiones adoptadas durante sus años de gobierno. Ambos forman parte de la historia política de San Luis y Villa Mercedes.

Pero la historia no entrega títulos de propiedad sobre los cargos.

Haber gobernado mucho no genera el derecho a gobernar para siempre.

Tampoco convierte cada regreso en una necesidad de la sociedad.

Seis intendencias deberían alcanzar para dejar una obra, formar un equipo y permitir que otro continúe.

Cinco gobernaciones deberían ser suficientes para construir dirigentes capaces de caminar sin llevar permanentemente al fundador de la mano.

Sin embargo, en el adolfismo, cada despedida parece apenas el intervalo antes de otro regreso.

Se van sin irse.

Se retiran sin retirarse.

Hablan de recambio mientras acomodan nuevamente sus propios nombres en la boleta.

La propuesta tiene algo de museo político itinerante. Se abren las puertas, se exhiben las mismas figuras y se espera que el público vuelva a sorprenderse.

Pero Villa Mercedes cambió.

Hay generaciones completas que nacieron cuando Merlo ya ocupaba cargos. Jóvenes que estudiaron, trabajaron, formaron familias y construyeron proyectos mientras los mismos dirigentes seguían discutiendo cómo regresar.

Para ellos, Merlo no es una novedad.

Es parte del paisaje político desde antes de que pudieran votar.

Adolfo quiso mostrar que todavía tiene un candidato fuerte para la ciudad.

Terminó confesando que no encontró otro.

Quiso exhibir experiencia.

Mostró agotamiento.

Quiso abrir el camino hacia 2027.

Abrió el álbum de los recuerdos.

El problema del adolfismo no es que sus dirigentes hayan envejecido.

El problema es que su propuesta también envejeció y nadie parece dispuesto a renovarla.

Adolfo desempolvó a Mario Raúl Merlo para ofrecerlo nuevamente como futuro.

Pero por más que lustren la fotografía, cambien el marco y le agreguen una fecha nueva, el pasado sigue siendo pasado.