Ciencia
Un estudio revela qué provoca los ronquidos más fuertes y abre nuevas vías de tratamiento
Un equipo de investigadores del Real Instituto de Tecnología KTH de Suecia logró identificar con mayor precisión qué ocurre dentro de las vías respiratorias cuando una persona ronca y por qué determinados ronquidos alcanzan una intensidad mucho mayor que otros.
El trabajo se centró en los ronquidos palatales no asociados a apnea y utilizó un modelo computacional tridimensional simplificado de las vías respiratorias superiores. El proyecto fue encabezado por Peng Li, investigador del área de Mecánica de Fluidos de KTH.
La principal conclusión apunta a la interacción entre el flujo de aire y los tejidos blandos de la garganta. Cuando el aire atraviesa de manera irregular una zona estrecha de las vías respiratorias, genera fluctuaciones de presión capaces de hacer vibrar estructuras como el paladar blando. Esas vibraciones terminan produciendo el característico sonido del ronquido.
Lo novedoso es que los investigadores analizaron simultáneamente el movimiento del aire, la deformación de los tejidos y la generación del sonido, tres elementos que numerosos modelos anteriores estudiaban de manera separada o simplificada.
El modelo permitió observar que los sonidos más intensos aparecen cuando el flujo pierde estabilidad y aumenta la interacción con los tejidos blandos. En otras palabras, el volumen del ronquido no dependería solamente de cuánto vibra el paladar, sino también de cómo circula el aire alrededor de esas estructuras.
KTH ya había presentado durante este año el trabajo de Peng Li bajo el título Computational analysis of palatal non-apneic snoring sound generation using a simplified human upper airway model, específicamente orientado a comprender la generación del sonido en los ronquidos palatales sin apnea.
Por qué puede ser importante
Comprender con mayor detalle el mecanismo físico podría permitir que en el futuro los tratamientos sean más precisos. En lugar de abordar todos los ronquidos de la misma manera, podrían desarrollarse soluciones destinadas a modificar el flujo de aire o reducir la vibración de los tejidos responsables del sonido.
Los investigadores consideran que conocer dónde se originan las mayores fluctuaciones y qué estructuras intervienen podría aportar información para mejorar dispositivos, intervenciones o estrategias destinadas a disminuir los ronquidos persistentes.
Sin embargo, el estudio no descubrió una cura ni presenta todavía un nuevo tratamiento disponible para pacientes. Se trata de una investigación computacional que busca comprender mejor un fenómeno cuya mecánica continúa siendo compleja.
Además, el trabajo se diferencia de los estudios sobre apnea obstructiva del sueño, una condición en la que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche y que requiere evaluación médica. El análisis del equipo sueco estuvo dirigido específicamente al ronquido no apneico.
Los autores apuntan ahora a profundizar los modelos y acercarlos progresivamente a las características reales de cada persona. La anatomía de las vías respiratorias, la elasticidad de los tejidos y la forma en que circula el aire pueden variar considerablemente entre individuos.
El avance, por lo tanto, no significa todavía el fin de los ronquidos, pero aporta una pieza importante para entender por qué se producen y qué mecanismos generan los sonidos más fuertes. Ese conocimiento podría convertirse, a futuro, en la base para tratamientos más personalizados y eficaces.