martes 29 de septiembre de 2026

El archivo vuelve

¿Alberto volverá a pasar la Nochebuena en un penal, esta vez con Anabela Lucero?

En 2016, Alberto Rodríguez Saá viajó hasta Jujuy y pasó parte de la Nochebuena junto a Milagro Sala en el penal de Alto Comedero. Diez años después, Anabela Lucero permanece detenida en San Luis por la causa Molino Fénix, que investiga hechos ocurridos durante su última gestión. El archivo deja al exgobernador frente a una comparación inevitable.

 

El 24 de diciembre de 2016 Alberto Rodríguez Saá no pasó toda la Nochebuena en su casa, rodeado de su familia.

Estaba en una cárcel.

Había viajado desde San Luis hasta Jujuy para acompañar a Milagro Sala en el penal de Alto Comedero. Llegó a las 20, permaneció con ella hasta las 22 y se retiró cuando terminó el horario de visitas. Al día siguiente volvió para participar de un brindis por su liberación. Antes de entrar había sido explícito: para él, Sala era una “presa política” y quería una Navidad “sin presos políticos”.

No fue una foto casual.

Alberto decidió viajar. Decidió entrar. Decidió quedarse.

Y decidió convertir aquella Navidad en un gesto político que quedó registrado para siempre.

Diez años después, el archivo volvió.

Pero esta vez no hace falta viajar más de mil kilómetros.

No hay que llegar hasta Alto Comedero.

La cárcel está en San Luis.

Y allí pasa sus días Anabela Lucero.

“Esta vez Alberto tiene el Penal mucho más cerca para pasar la Nochebuena”.

La frase tiene ironía, claro. Pero detrás hay un dato concreto que vuelve inevitable la comparación: la exdiputada continúa en prisión preventiva desde el 24 de agosto y, el pasado 24 de septiembre, un tribunal volvió a rechazar los planteos de su defensa y confirmó que seguirá alojada en el Servicio Penitenciario Provincial mientras avanza la causa Molino Fénix.

Lucero no tiene una condena. La prisión preventiva tampoco determina su culpabilidad. Eso deberá resolverse en el proceso.

Pero está presa.

Y políticamente ese dato pesa.

La causa no viene de un gobierno ajeno

Hay una diferencia importante con aquella Navidad de 2016.

Milagro Sala estaba detenida en Jujuy. Alberto gobernaba San Luis y se colocaba desde afuera frente a una causa desarrollada en otra provincia.

Con Anabela Lucero ocurre algo muy distinto.

La investigación del Molino Fénix analiza presuntas maniobras cometidas entre 2020 y 2023, cuando Alberto Rodríguez Saá era gobernador de San Luis y Lucero tenía responsabilidades vinculadas al complejo estatal. La Fiscalía le atribuye asociación ilícita, administración fraudulenta y conductas relacionadas con el ocultamiento o destrucción de evidencia.

El perjuicio económico fue estimado inicialmente por los investigadores en más de $900 millones, una cifra provisoria que puede modificarse a medida que avancen las pericias y el análisis de documentación.

La acusación sostiene que habrían existido contrataciones irregulares, facturación presuntamente falsa y distintos mecanismos destinados a desviar recursos públicos.

La defensa lo discute.

La Justicia tendrá que determinar qué ocurrió.

Pero hay algo que ya no está sujeto a interpretación: los hechos investigados corresponden a organismos provinciales que funcionaban bajo la administración de Alberto Rodríguez Saá.

Por eso esta causa le queda políticamente mucho más cerca que aquella que lo llevó hasta Jujuy en 2016.

El archivo lo construyó el propio Alberto

Nadie obligó al entonces gobernador a viajar para acompañar a Milagro Sala.

Lo hizo porque quiso.

Había anunciado incluso semanas antes su intención de pasar la Nochebuena con ella. Cuando llegó el 24 de diciembre, cumplió. Ingresó al penal, permaneció dos horas y luego contó públicamente que había sido una noche que recordaría “para siempre”.

El gesto era mucho más importante que la distancia.

Para Alberto, aquella detención justificaba salir de San Luis, recorrer el país y sentarse durante la Nochebuena dentro de una unidad penitenciaria.

Por eso ahora no hace falta inventarle una contradicción.

Está en su propio archivo.

Hace diez años fue hasta una cárcel porque entendía que una dirigente detenida merecía su presencia.

Hoy tiene a una exdiputada de su espacio político en el Servicio Penitenciario Provincial, acusada en una investigación relacionada con el manejo de recursos durante su última administración.

La escena se escribe sola.

Anabela ya lleva más de un mes tras las rejas

La detención dejó de ser una circunstancia de algunas horas.

Lucero ingresó al Penal el 24 de agosto.

El 16 de septiembre intentó recuperar la libertad, pero el juez Santiago Ortiz rechazó el planteo de su defensa y mantuvo la prisión preventiva. Ella participó de aquella audiencia por videoconferencia desde el establecimiento penitenciario.

Ocho días después llegó otra resolución.

Un tribunal integrado por Marcelo Bustamante Marone, Hernán Herrera y Cintia Martín volvió a considerar insuficientes las alternativas ofrecidas por las defensas y ratificó que Lucero, Enzo Lucero y Exequiel Scarel continuaran detenidos. Los magistrados señalaron riesgos procesales que, a su criterio, no quedaban neutralizados con medidas como la caución, la prohibición de contacto o el arresto domiciliario.

Para Anabela, la política quedó lejos.

Ahora los días transcurren dentro del Servicio Penitenciario.

Y mientras ella sigue allí, la causa no se detuvo.

El expediente siguió creciendo

Después de la prisión preventiva de Lucero aparecieron nuevas medidas y nuevos nombres.

El empresario Christian Becher fue imputado por asociación ilícita y fraude a la administración pública como presunto partícipe necesario. Días después, la Justicia también ordenó su prisión preventiva por dos meses. La Fiscalía sostiene que habría intervenido en un circuito de empresas y facturación relacionado con los fondos investigados.

También hubo allanamientos en empresas de Villa Mercedes para reconstruir el recorrido del dinero y determinar su destino final.

El diputado Joaquín Beltrán quedó igualmente alcanzado por el expediente y la Fiscalía pidió avanzar con medidas procesales que requerían su desafuero. La Cámara de Diputados no reunió la mayoría especial necesaria para quitarle las inmunidades.

No es, entonces, una causa quieta.

Tampoco quedó reducida a una sola persona.

Hay detenidos, empresarios investigados, documentación bajo análisis y una pesquisa que intenta reconstruir qué ocurrió con recursos públicos del Molino Fénix y la Casa de la Música.

En el centro sigue Anabela Lucero.

Y alrededor aparece inevitablemente el período político en el que esos organismos funcionaban.

En 2016 puso el cuerpo

Ese es, probablemente, el punto más incómodo para Alberto.

Porque hace diez años no eligió la prudencia ni la distancia.

Hizo exactamente lo contrario.

Cuando llegó aquella Navidad, tomó una posición y la llevó hasta sus últimas consecuencias políticas.

Se fue a Jujuy.

Entró al penal.

Se sentó con Milagro Sala.

Salió y habló.

Volvió al día siguiente.

No dejó lugar a dudas sobre dónde quería estar.

Ahora el escenario es otro. También la causa. No corresponde equipararlas judicialmente porque investigan hechos completamente diferentes.

Pero el protagonista del archivo es el mismo.

Y una pregunta política resulta difícil de esquivar.

Si Anabela Lucero continúa detenida cuando llegue el 24 de diciembre, ¿Alberto Rodríguez Saá volverá a cruzar la puerta de una cárcel durante la Nochebuena?

Esta vez ni siquiera tendría que abandonar San Luis.