Política laboral
Adorni cruzó a la CGT por la reforma laboral y dijo que “vive en una realidad paralela”
En el inicio de la semana política, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, apuntó contra la CGT por su rechazo a la reforma laboral y sostuvo que la central obrera “vive en una realidad paralela” y “está de espaldas a la gente”. Lo dijo en declaraciones a Radio Rivadavia, donde vinculó la posición sindical con una desconexión respecto de la vida cotidiana de los trabajadores.
“La gente validó con el voto el camino que estamos recorriendo hace 4 o 5 meses y los tipos te hacen un paro general que fue un fracaso, casi una burla”, afirmó Adorni, en referencia a la medida de fuerza convocada por la central sindical. En ese mismo tramo, agregó una frase que generó repercusión inmediata: sostuvo que los dirigentes “todos los días se levantan, se suben a su Audi 0 kilómetro con chofer” y que por eso “no entienden bien la realidad” del resto.
El funcionario endureció todavía más el tono al asegurar que “la gente los odia y no los quiere más en este formato tirapiedras”, una definición que el oficialismo utiliza para explicar su lectura del conflicto con el sindicalismo.
En el plano de fondo, Adorni defendió la necesidad de actualizar el marco normativo laboral. Afirmó que la legislación “había quedado vieja” y que “el 80 o 90 por ciento de los trabajos que existían cuando se gestaron las leyes hoy no existen”, una idea con la que el Gobierno busca justificar cambios en reglas de contratación, negociación colectiva y funcionamiento sindical.
Las declaraciones se producen en un momento especialmente sensible: la reforma laboral avanza en el Congreso y el oficialismo intenta cerrar el trámite legislativo en el Senado, mientras la CGT sostiene una línea de oposición y evalúa nuevas medidas de fuerza. En ese clima, la Casa Rosada busca instalar que el debate excede la puja sindical y que apunta a “modernizar” un esquema que, según su diagnóstico, no dio resultados.
Por lo pronto, el cruce público de Adorni suma un nuevo capítulo a la escalada verbal entre el Gobierno y la CGT, en la antesala de una semana parlamentaria decisiva. El impacto político de la reforma no se juega solo en el recinto: también se mide en la calle, en el clima social y en la capacidad —o la imposibilidad— de acercar posiciones.