martes 8 de septiembre de 2026

El Rector Raúl Gil juega a dos puntas y convirtió a la UNSL en una tribuna política

Mientras se muestra institucional con Poggi, en la UNSL se habilitan actos con insultos, cánticos y militancia contra el Gobierno. El rector ya no parece administrar una universidad: parece estar moviendo fichas.

 

Hay algo peor que hacer política.
Es hacer política y fingir que no se está haciendo política.

Eso es, exactamente, lo que empieza a pasar en la Universidad Nacional de San Luis bajo la conducción del rector Raúl Gil.

Porque mientras hacia afuera posa de rector dialoguista, institucional y abierto al trabajo conjunto con la Provincia, hacia adentro deja correr —o directamente habilita— un clima cada vez más cargado de militancia, hostilidad y mensaje político.

La escena del acto por los 50 años del golpe militar fue demasiado explícita como para hacer de cuenta que no pasó nada. En una actividad organizada por la propia UNSL, un grupo lanzó cánticos contra Claudio Poggi y Javier Milei, mientras el vicegobernador Ricardo Endeiza, habitual presencia en este tipo de conmemoraciones, también era blanco de insultos.

Y no, no fue “la efervescencia de un grupo”.
Eso es lo que se dice cuando nadie quiere hacerse cargo.

Porque una universidad pública no es una unidad básica con wifi.
Y un acto institucional no puede convertirse en una descarga de consignas partidarias mientras las autoridades miran para otro lado como si todo fuera parte del folclore.

La pregunta, entonces, es bastante más incómoda que un simple reclamo por formas:

¿A qué juega Raúl Gil?

Porque mientras el gobernador lo sienta en mesas empresariales, lo integra a espacios de articulación y le da volumen institucional a la Universidad, adentro de su propia estructura se habilita una escena de desgaste político contra ese mismo Gobierno.

Eso no es pluralidad.
Eso se parece mucho más a una emboscada elegante.

Y la cosa no termina ahí.

En paralelo, la propia Universidad empezó a meterse en un terreno donde ya no hay demasiadas excusas académicas: medir posibles candidatos a gobernador y analizar la continuidad o no de Poggi en el poder.

O sea: además de dar clases, investigar y administrar fondos públicos, ahora también se estaría tanteando el tablero político provincial.

Todo muy universitario.
Muy científico.
Muy casual.

Lo que empieza a verse en la UNSL no es solo una deriva ideológica —algo bastante viejo en ciertos sectores universitarios— sino una utilización más sofisticada de la institución como plataforma de posicionamiento político.

Y ahí es donde el rector deja de ser un administrador académico para convertirse en otra cosa:
un jugador.

El problema no es que tenga ideas. Todos las tienen.
El problema es usar una universidad financiada por todos como escenario de operaciones disfrazadas de institucionalidad.

Porque si Raúl Gil quiere discutir poder, si quiere jugar fuerte, si quiere participar del clima electoral que se viene, está en su derecho.

Pero entonces que lo diga.

Que deje de refugiarse detrás de la palabra “universidad” cada vez que conviene y de la palabra “democracia” cada vez que le quieren justificar una tribuna militante.

Porque cuando una institución pública empieza a parecerse demasiado a una plataforma de facción, ya no está educando.
Está operando.

Y cuando eso pasa, el problema deja de ser ideológico.
Pasa a ser institucional.

Y bastante más serio de lo que algunos todavía quieren admitir.

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