martes 8 de septiembre de 2026

Opinión

La ventaja de Poggi no está en la oposición: está en la gestión

A poco más de un año de las elecciones de 2027, la política puntana comienza a reacomodar sus piezas. Mientras la oposición todavía busca liderazgo y volumen político, Claudio Poggi llega a esa carrera con un activo que ningún discurso puede reemplazar: una gestión que será sometida al juicio de las urnas.

La política suele cometer un error recurrente: mirar las elecciones demasiado temprano y las gestiones demasiado tarde.

En San Luis, mientras algunos ya comienzan a imaginar el escenario de 2027, el verdadero debate todavía pasa por otro lado. No por los nombres de la oposición, ni por las alianzas electorales, sino por una pregunta mucho más simple: ¿qué balance hará la sociedad cuando llegue el momento de volver a votar?

aPorque, al final del día, los gobiernos no son evaluados por sus discursos. Son evaluados por los resultados.

Y allí parece estar hoy la principal fortaleza de Claudio Poggi.

Cuando asumió en diciembre de 2023 recibió una provincia atravesada por un fuerte deterioro financiero, con obras paralizadas, programas suspendidos, una administración desordenada y una profunda desconfianza institucional. Gobernar, en ese contexto, implicaba mucho más que administrar: significaba reconstruir.

Los primeros meses estuvieron lejos de ser cómodos. Hubo que ordenar las cuentas públicas, revisar contratos, redefinir prioridades y recuperar la capacidad del Estado para cumplir sus funciones básicas.

Ese trabajo, silencioso y muchas veces poco atractivo desde lo comunicacional, terminó convirtiéndose en uno de los principales activos políticos de la gestión.

Hoy San Luis exhibe equilibrio fiscal, mantiene un fondo anticrisis, recuperó el ritmo de la obra pública y volvió a poner en marcha programas que habían quedado relegados. Al mismo tiempo, impulsó nuevas herramientas para promover la inversión privada, el empleo y la actividad económica.

Nada de eso garantiza una elección.

Pero sí construye credibilidad.

Y en política, la credibilidad vale mucho más que una buena campaña.

Existe otro aspecto que suele pasar inadvertido.

Durante años, la política puntana estuvo dominada por la confrontación permanente. Oficialismo y oposición parecían convivir en una lógica donde el conflicto era casi un método de gobierno.

Poggi eligió otro camino.

Construyó una relación institucional con el Gobierno nacional sin perder autonomía provincial.

Recuperó vínculos con intendentes de distintos espacios.

Reordenó la administración sin recurrir al espectáculo político.

En tiempos donde gran parte de la política vive pendiente de las redes sociales, la gestión puntana parece haber optado por una estrategia bastante menos ruidosa: administrar.

Eso no significa que todo esté resuelto.

Lejos de eso.

La provincia todavía enfrenta desafíos enormes.

El empleo privado sigue siendo una deuda estructural.

Los salarios continúan condicionados por la realidad económica nacional.

La recuperación del consumo todavía es parcial.

Muchos jóvenes siguen buscando oportunidades fuera de San Luis.

Y la inversión privada necesita consolidarse para transformar definitivamente la matriz económica provincial.

Pero también es cierto que esas demandas aparecen sobre una administración que logró estabilizar el funcionamiento del Estado.

No es un dato menor.

La historia política argentina demuestra que pocas veces un gobierno consigue discutir el futuro cuando todavía está intentando resolver el pasado.

San Luis parece haber superado esa primera etapa.

Mientras tanto, la oposición enfrenta un escenario diferente.

Todavía no aparece un liderazgo claramente consolidado.

No existe una propuesta alternativa capaz de instalar una agenda propia.

Y buena parte del debate opositor continúa girando alrededor de las figuras del pasado más que sobre un proyecto de futuro.

Ese contexto también fortalece al oficialismo.

No porque garantice una victoria.

Sino porque obliga a quienes pretenden disputar el poder a construir algo más que una crítica.

Las elecciones de 2027 todavía están lejos.

En política, uno/dos años pueden cambiar absolutamente todo.

La economía nacional puede modificar cualquier escenario.

Las alianzas pueden romperse.

Pueden aparecer nuevos liderazgos.

Y también pueden cometerse errores de gestión que alteren el humor social.

Nada está escrito.

Pero hay una diferencia importante respecto de otros momentos de la política provincial.

Hoy Claudio Poggi parece llegar a esa carrera desde un lugar diferente.

No necesita convencer de que sabe gobernar.

Necesita demostrar que puede sostener los resultados.

Y esa quizás sea la mejor noticia para cualquier oficialismo.

Porque las campañas construyen expectativas.

Pero las gestiones construyen legitimidad.

Y cuando llegue el momento de votar, probablemente los puntanos vuelvan a hacerse la misma pregunta que siempre termina definiendo una elección:

¿Quién ofrece más futuro que pasado?

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