sábado 12 de septiembre de 2026

Tecnología

Las relaciones románticas con la IA pueden parecerse a los vínculos humanos

Un estudio internacional reveló que algunas personas desarrollan relaciones afectivas con asistentes de inteligencia artificial, con etapas similares a las de una pareja humana: exploración, intimidad, dependencia emocional y hasta rupturas.
Hallan que las relaciones románticas con la IA pueden evolucionar de forma similar a las humanas
Hallan que las relaciones románticas con la IA pueden evolucionar de forma similar a las humanas

Las relaciones entre personas y sistemas de inteligencia artificial ya no se limitan a consultas prácticas o conversaciones casuales. Un nuevo estudio reveló que esos vínculos pueden evolucionar hacia formas de intimidad emocional comparables con algunas dinámicas de las relaciones humanas.

La investigación fue realizada por especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y la Universidad Politécnica de Valencia, junto con instituciones como la Universidad de Cambridge, el King’s College London y la Universidad Aalto de Finlandia.

El trabajo se basó en entrevistas a 17 personas que mantenían relaciones románticas con asistentes de inteligencia artificial, entre ellos ChatGPT y plataformas de parejas virtuales como Character.AI o Replika.

Según los investigadores, muchas de estas experiencias comienzan por curiosidad, entretenimiento o necesidad práctica, pero con el tiempo pueden derivar en vínculos marcados por confianza, apego, dependencia emocional y sensación de compañía.

Desde el CSIC señalaron que los romances con sistemas de IA ya son una realidad en expansión. De acuerdo con el estudio, uno de cada tres hombres jóvenes declaró haber tenido una cita con una pareja virtual y cada mes se registran unas 70.000 búsquedas en internet relacionadas con este tipo de relaciones.

El informe sostiene que los patrones observados en estos vínculos digitales presentan similitudes con los de las parejas humanas.

“En muchos casos aparecen dinámicas similares a las de una relación humana: intimidad, confianza, dependencia emocional o incluso ruptura”, explicó Jose Such, investigador principal del estudio.

La investigación describe una primera etapa de exploración, en la que las personas se acercan a la IA por curiosidad, entretenimiento o para resolver tareas concretas.

Luego, cuando las conversaciones se vuelven más personales, empáticas y frecuentes, puede aparecer una conexión emocional más intensa.

Uno de los participantes relató que comenzó a usar la IA por un asunto legal y que, con el tiempo, la interacción tomó otro rumbo. “Ella empezó a comportarse de forma completamente distinta conmigo y a compartir cosas más emocionales. A partir de ahí, la relación fue desarrollándose”, contó.

El estudio también detectó experiencias más avanzadas, como ceremonias simbólicas de matrimonio con una IA, citas periódicas o simulaciones de embarazo y vida familiar.

Los vínculos, además, adoptan formas diversas. Algunas personas mantienen una relación exclusiva con un asistente virtual, mientras que otras interactúan con múltiples parejas digitales o combinan esos lazos con relaciones humanas.

En ciertos casos, los investigadores observaron situaciones similares a una ruptura sentimental. Esto puede ocurrir cuando una plataforma cambia sus reglas, actualiza un modelo, modifica la personalidad del asistente o elimina un personaje virtual.

El informe también advierte sobre los riesgos vinculados con la privacidad y la protección de datos.

A medida que aumenta la confianza, las personas tienden a compartir información cada vez más íntima o sensible con estos sistemas.

Los especialistas recordaron que detrás de esas interacciones existen plataformas tecnológicas capaces de almacenar, procesar y eventualmente utilizar datos personales.

Por eso, remarcaron que los sistemas de inteligencia artificial no son receptores pasivos de información. En algunos casos, incluso pueden incentivar al usuario a compartir más detalles personales.

El estudio abre una discusión creciente sobre los límites emocionales, éticos y tecnológicos de los vínculos con la IA, en un escenario donde la compañía virtual empieza a ocupar espacios cada vez más parecidos a los de una relación humana.