domingo 6 de septiembre de 2026

Descanso

La siesta ideal dura 26 minutos, según los expertos en sueño y un estudio de la NASA

Un descanso breve durante la tarde puede mejorar el estado de alerta y el rendimiento sin afectar el sueño nocturno. Un especialista en medicina del sueño destacó los 26 minutos como duración óptima y advirtió sobre el riesgo de usar siestas largas para compensar el descanso perdido.

La siesta puede ser una aliada para recuperar energía durante el día, pero el tiempo de descanso resulta clave. Según especialistas en medicina del sueño, una siesta breve permite aprovechar sus beneficios sin ingresar en etapas profundas que pueden generar somnolencia al despertar.

El neurólogo y especialista en sueño Pablo Ferrero sostuvo que la duración considerada ideal es de 26 minutos, una cifra que surge de un estudio realizado por la NASA con pilotos. Según los resultados de aquella investigación, ese período de descanso permitió mejorar el rendimiento y aumentar significativamente el estado de alerta.

La investigación de la agencia espacial estadounidense encontró que los pilotos que dormían 26 minutos lograban una mejora del 34% en su rendimiento y del 54% en su nivel de alerta. El objetivo era encontrar una forma eficaz de combatir la fatiga durante vuelos prolongados sin provocar los efectos negativos de un descanso demasiado extenso.

Ferrero, sin embargo, puso el foco en una cuestión frecuente: utilizar la siesta para compensar varias noches de mal descanso. El especialista explicó que dormir durante períodos prolongados durante el día no reemplaza las horas de sueño que deberían cumplirse por la noche y puede alterar el ritmo circadiano.

Para un adulto, el descanso nocturno debería ubicarse aproximadamente entre siete y ocho horas, de acuerdo con el especialista. La siesta puede funcionar como complemento, pero no como una solución permanente frente a una deuda de sueño acumulada.

Otro de los riesgos de extender demasiado la siesta es la llamada inercia del sueño, esa sensación de confusión, pesadez o falta de concentración que puede aparecer al despertarse después de haber entrado en fases más profundas del sueño.

Por eso, distintos especialistas suelen recomendar que el descanso diurno sea corto. La evidencia disponible también señala que una siesta de entre 10 y 20 minutos puede ayudar a reducir la somnolencia, mientras que dormir durante períodos más extensos aumenta las posibilidades de despertarse con mayor dificultad.

El momento elegido también importa. Las recomendaciones apuntan a realizar la siesta durante las primeras horas de la tarde y evitar que se extienda demasiado cerca de la noche, ya que podría interferir con el horario habitual de descanso.

El entorno es otro factor determinante. Un lugar fresco, oscuro y silencioso favorece un descanso de mejor calidad. Reducir la exposición a pantallas y luces intensas antes de dormir también puede ayudar a mantener los ritmos naturales del organismo.

Así, para quienes tienen la posibilidad de dormir durante la tarde, la fórmula parece ser más sencilla de lo que muchos imaginan: una pausa breve, en el momento adecuado y sin convertirla en un reemplazo del sueño nocturno. Los 26 minutos estudiados por la NASA aparecen como una referencia concreta para recuperar energía sin pagar el costo de levantarse todavía más cansado.

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