martes 8 de septiembre de 2026

Debate por el 17 de Octubre

Alberto agitó fantasmas de la “década infame”, pero omite su propio modelo de privilegios y gasto público

En un acto partidario, el exgobernador afirmó que el Gobierno quiere “volver a antes del 17 de Octubre”. El contrapunto: el sistema público no está en discusión y el país demanda reformas sostenibles.
Rodríguez Saá destacó el legado del 17 de Octubre.
Rodríguez Saá destacó el legado del 17 de Octubre.

En la sede del PJ puntano, Alberto Rodríguez Saá buscó encender la mística del 17 de Octubre con un diagnóstico drástico: “Milei es todo lo anterior al 17 de Octubre; sin hospitales públicos ni universidades gratuitas”. La frase busca impacto, pero confunde pasado con presente y reduce un debate complejo —cómo ordenar un Estado exhausto— a consignas que no describen lo que efectivamente sucede.

Primero, no hay proyectos para eliminar la educación o la salud públicas. Sí existe una discusión —incómoda pero necesaria— sobre eficiencia, prioridades y sostenibilidad fiscal. Presentarla como la “vuelta a la década infame” es un atajo retórico: instala miedo sin explicar cómo se financia un esquema que, en los hechos, quedó sin recursos y castigó especialmente a los que menos tienen con inflación y servicios deteriorados.

Segundo, cuando Rodríguez Saá invoca “memoria y justicia social”, omite su propia responsabilidad en un modelo provincial con fuerte dependencia del empleo estatal y gasto corriente, que no logró diversificar la economía ni blindar a San Luis frente a los vaivenes nacionales. El pasado reciente no fue idílico: hubo estancamiento productivo, migración de jóvenes y ciclos de obra pública discontinua, todo bajo su hegemonía política. La épica no reemplaza los resultados.

Tercero, el exgobernador contrapone “Perón” a cualquier reforma actual, pero la doctrina peronista también habló de productividad, trabajo y equilibrio. Sostener derechos exige cuentas ordenadas. Si no, los derechos se vacían: sueldos que pierden contra los precios, hospitales con insumos al límite y escuelas que no mejoran aprendizajes. La salida no es negar el ajuste, sino administrarlo con reglas y transparencia.

Cuarto, el señalamiento de “discursos de odio y privilegios para pocos” parece desconocer los privilegios que se consolidaron en décadas de poder local: cajas políticas, contratos transitorios perpetuos, y una cultura del favor que no construyó ciudadanía sino dependencia. La política que hoy convoca a “cuidar la memoria” debe también practicar la autocrítica.

Qué sí está en juego

Orden y previsibilidad para recuperar salario e inversión: sin eso, la consigna no llena la heladera.

Calidad del gasto: priorizar guardias, medicamentos, infraestructura escolar y transporte antes que actos, cartelería o estructuras duplicadas.

Trabajo privado: menos trabas y costos para que la provincia genere oportunidades fuera del presupuesto público.

Transparencia: licitaciones abiertas, métricas de salud y educación publicadas, y control real del uso de fondos.

El 17 de Octubre no pertenece a un apellido ni a una facción. Fue una interpelación social para que la política respondiera con trabajo, movilidad y dignidad. Empobrecer ese legado a una consigna que niega la realidad de las cuentas públicas no ayuda: o se ordena el Estado —sin romanticismos y sin impunidad— o se ordena solo con inflación y caída del salario. Esa es la disyuntiva honesta.

En San Luis, el debate empieza por casa. Menos épica de escenario y más datos, planes y resultados. Si la dirigencia local quiere hablar de justicia social, que muestre cómo va a mejorar una guardia, una escuela y un empleo productivo en los próximos doce meses. Con números, no con relatos.

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