viernes 9 de octubre de 2026

Tecnología

La IA acelera en las empresas y 2026 asoma como el año de los agentes inteligentes

La inteligencia artificial ya impacta en productividad y decisiones, pero a muchas firmas aún les cuesta escalarla. Un informe global muestra adopción creciente y, en la Región Centro, siete de cada diez empresas todavía no la usan. Finanzas, industria y servicios lideran el salto.
IA en las empresas: en qué áreas crecerá más y dónde está el mayor potencial de negocio.
IA en las empresas: en qué áreas crecerá más y dónde está el mayor potencial de negocio.

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa de feria tecnológica para convertirse en una herramienta que empieza a mover la aguja en costos, productividad y toma de decisiones. El cambio se siente en casi todos los rubros, pero con una brecha clara: mientras algunas compañías integran IA a procesos críticos, otras apenas la prueban en tareas puntuales y no logran traducirla en impacto financiero.

A nivel global, la adopción creció con fuerza. Según la consultora McKinsey, en 2025 el 88% de las organizaciones incorporó IA en al menos una función de negocio, frente al 78% del año anterior. Sin embargo, el mismo diagnóstico marca el límite: integrar la tecnología en flujos de trabajo, automatizar procesos y escalarla dentro de la organización sigue siendo el principal cuello de botella, sobre todo entre pymes.

La Argentina no escapa a esa tensión. En la Región Centro —Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos— el 70% de las empresas no aplica soluciones de IA ni tiene planes concretos para hacerlo. Del resto, el 17% ya puso en marcha algún proceso basado en esta tecnología y un 13% proyecta sumarla en los próximos años, de acuerdo con el Observatorio del Impacto de las Nuevas Tecnologías en el Mundo del Trabajo, elaborado por los ministerios de Trabajo provinciales.

El relevamiento, que alcanzó a 2.456 firmas, mostró un bajo nivel de conocimiento sobre herramientas disponibles y posibilidades de aplicación. También dejó en evidencia dos preocupaciones recurrentes: la resistencia al cambio en los equipos y los costos asociados a la adaptación tecnológica, una combinación que frena decisiones en contextos de incertidumbre.

Aunque la IA avanza de manera transversal, hay sectores que tiran del carro por naturaleza. Bancos, fintechs, industria, agro y salud aparecen entre los más activos, junto con las empresas tecnológicas. En las pymes, en cambio, la adopción suele concentrarse en usos más simples: automatización de tareas administrativas, asistencia en atención al cliente, generación de contenidos o apoyo a áreas legales y contables.

En ese punto, los especialistas coinciden en que la discusión no es solo técnica: es de negocio. El retorno de inversión muchas veces es difícil de medir si la IA se aplica sin objetivos claros, sin datos ordenados o sin procesos preparados para absorber el cambio. La tecnología puede reducir tiempos y mejorar precisión, pero también expone desorden interno, falta de calidad de información y debilidades operativas que antes quedaban ocultas.

Hacia adelante, el mapa de innovación apunta a un salto cualitativo: la llamada IA agéntica, capaz de ejecutar tareas, planificar acciones y automatizar flujos de trabajo con supervisión humana. Los “agentes” prometen gestionar procesos de punta a punta —desde atender, clasificar y resolver hasta interactuar con sistemas internos— y abrir un escenario más multimodal, con experiencias que combinen texto, audio, video o avatares.

Esa nueva etapa también reordena el mundo del trabajo. El Observatorio regional marcó una brecha en habilidades: la mitad de las organizaciones considera que su personal tiene baja preparación para afrontar la transformación digital, mientras que una minoría ve alta capacidad de adaptación. El impacto, advierten, no sería solo reemplazo de puestos, sino una modificación profunda de funciones: menos tareas repetitivas y más roles de supervisión, análisis y diseño de experiencias.

El desafío que aparece en el horizonte es doble. Por un lado, invertir en datos, ciberseguridad y procesos que hagan viable el uso de IA sin riesgos ni improvisación. Por otro, capacitar y reconvertir equipos para que la tecnología no sea un experimento caro, sino una ventaja competitiva. Porque, en 2026, la diferencia no la hará quién “usa IA”, sino quién logra integrarla de verdad a su operación y convertirla en resultados medibles.