Justicia
Intentaron limpiar la escena del crimen de Chávez y culparon a un supuesto motochorro
El debate oral por el crimen de Maximiliano Chávez sumó este jueves un tramo clave: el relato de su madre, Miriam Elizabeth Gómez, y la reconstrucción técnica de los primeros investigadores que ingresaron a la casa del barrio La Ribera. Ambos testimonios describieron un mismo patrón: un intento de desviar la responsabilidad y, al mismo tiempo, una escena que —según los policías— mostraba indicios de limpieza previa.
Gómez sostuvo ante el tribunal que, tras el ataque, recibió versiones contradictorias desde el entorno de Brisa Brizuela, exnuera de la mujer y acusada de asesinar al joven de 23 años. Primero, le dijeron que Chávez estaba siendo reanimado y que una ambulancia lo trasladaba al hospital. Después, ya en las inmediaciones de la vivienda, otra pariente le aseguró que el muchacho había sido apuñalado por “un motochorro” en la calle.
La madre contó que, al llegar a la casa, la escena no coincidía con esa supuesta agresión externa. Aseguró que vio a Brizuela sentada sobre bloques, fumando, mientras el domicilio estaba vallado y rodeado por efectivos policiales y vecinos. En ese contexto, dijo que una oficial se le acercó y le confirmó lo que nadie le había dicho con claridad: el cuerpo de su hijo estaba dentro de la vivienda.
La cronología, según describió en su declaración, comenzó con dos llamadas que Chávez le hizo durante la mañana, que ella no atendió por estar trabajando. Luego, el joven habló con su padre, Javier Chávez, quien notó un tono inusual en su hijo. Cerca de las 14:50, Gómez recibió un llamado desesperado pidiendo una ambulancia y, al intentar comunicarse otra vez, ya no obtuvo respuesta. Más tarde, la madre de la acusada le indicó que fuera al hospital de Villa Mercedes, donde supuestamente arribaría la ambulancia. Tras una espera sin registros de ingreso, recibió el pedido de volver al domicilio.
Los policías que declararon después aportaron detalles que reforzaron la hipótesis de alteración de la escena. Entre ellos, el jefe del Departamento de Homicidios, Sebastián Tula, y personal de Criminalística. Señalaron que detectaron rastros hemáticos en forma de goteo en distintos sectores, con mayor concentración cerca de una barra que dividía la cocina comedor, donde se presume que se produjo el ataque.
Pero lo central de sus exposiciones fue lo que, a su entender, no estaba: una mancha principal compatible con el sangrado masivo de una herida fatal. En cambio, describieron marcas en el piso que atribuyeron al barrido con una escoba y observaron sillas colocadas sobre la mesa, como si se hubiera intentado despejar el lugar para baldear. Para los investigadores, esa disposición no era casual ni propia de una vivienda en emergencia.
En el baño, según detallaron, hallaron prendas en remojo —remeras, un jean y ropa interior— en un recipiente utilizado para un bebé. El agua, remarcaron, no estaba turbia por jabón sino teñida de rojo, y una prenda íntima atribuida a la imputada presentaba una mancha compatible con sangre. Todo fue secuestrado y exhibido en la audiencia para su reconocimiento, junto con otros elementos recolectados en el procedimiento.
Los peritos también indicaron que el cuerpo de Chávez estaba tendido en el suelo y que había sido movido, posiblemente durante los intentos de reanimación. La muerte, recordaron en el juicio, se produjo por un cuadro de shock hipovolémico, asociado a la pérdida masiva de sangre.
En la sala, la exhibición de la ropa y los cuchillos secuestrados provocó una reacción visible de la acusada, que se quebró al ver los elementos. Sin embargo, los investigadores aclararon que ninguno de esos dos cuchillos sería el arma utilizada para el ataque mortal, lo que mantiene abierto un tramo relevante de la prueba material.
Con estos testimonios, el juicio ingresó en una etapa sensible: ya no solo se discute qué ocurrió dentro de la casa, sino qué se intentó construir después. La acusación buscará sostener que hubo maniobras para desviar la pesquisa y borrar rastros. La defensa, en cambio, deberá explicar por qué, según los policías, la escena mostraba señales de limpieza y por qué la familia de la imputada habría instalado versiones falsas antes de la intervención formal de los investigadores.