Policiales
Recuperó su campo tras una usurpación y halló marihuana donde antes sembraba maíz
Tras casi nueve meses sin poder pisar su propia tierra, Esteban Cichero recuperó esta semana el campo que había heredado de su padre y que, según la denuncia, fue usurpado en mayo del año pasado por dos hombres que lo intimidaron con armas para impedirle el ingreso. El predio, de 490 hectáreas, está ubicado sobre la ruta provincial 2, que une La Toma con Paso Grande, y había sido parte de la vida productiva de la familia desde la década del 60.
De acuerdo con la reconstrucción del caso, el episodio inicial ocurrió el 16 de mayo, cuando Cichero llegó al establecimiento con un familiar y se encontró con Nemesio Paulino Soria y su hijo Jonathan Soria Ojeda, hoy imputados. Según el relato incorporado a la causa, lo amenazaron para que se retirara y, desde entonces, cada intento de regresar por accesos alternativos terminó con nuevas intimidaciones.
El impacto económico y productivo fue severo. Cichero sostuvo que durante el tiempo en que el campo estuvo ocupado desaparecieron 52 vacas y seis caballos —animales que habrían sido consumidos o vendidos— y que la explotación agrícola también fue alterada: donde se sembraba maíz, se detectaron plantaciones de marihuana montadas con ocultamiento deliberado dentro del monte.
La recuperación del inmueble se concretó tras una orden judicial de desalojo. Durante el procedimiento, la Policía pidió la intervención de Lucha Contra el Narcotráfico al advertir la presencia de estupefacientes. En el lugar se secuestraron semillas, florescencias fraccionadas y más de 20 plantas, además de otros elementos vinculados a la causa.
En el plano judicial, padre e hijo quedaron imputados en la Justicia provincial por los delitos de usurpación, hurto y amenazas, mientras que el hallazgo de marihuana abrió un carril de investigación específico por estupefacientes, con intervención del fuero federal. Los investigadores buscan determinar el alcance de la actividad y si existían terceros involucrados.
El caso reactivó, además, una alarma recurrente en zonas rurales: la vulnerabilidad de propiedades alejadas y el costo —humano y económico— que deja una ocupación prolongada. Para Cichero, el regreso al campo significó recuperar parte de su historia familiar, pero también volver a empezar en un lugar que ya no era el mismo.