viernes 9 de octubre de 2026

Justicia

La psicóloga dijo que Brisa tuvo un relato “armado”, evasivo y sin señales de arrepentimiento

En el tramo final del juicio por el crimen de Maxi Chávez, una perito judicial afirmó que la imputada se mostró poco espontánea, contradictoria y sin indicadores compatibles con una víctima de violencia. También sostuvo que no percibió en ella un duelo, a días del hecho.
La psicóloga que vio a Brisa dijo que dio un relato “armado”, evasivo y no se mostró arrepentida
La psicóloga que vio a Brisa dijo que dio un relato “armado”, evasivo y no se mostró arrepentida

El juicio por el homicidio de Maximiliano Nicolás Chávez entra en su etapa decisiva y suma un elemento de peso en la evaluación del tribunal: el testimonio de la psicóloga judicial que entrevistó a Brisa Gianella Brizuela seis días después del crimen. La profesional describió un discurso “armado”, poco espontáneo y evasivo, y aseguró que no advirtió señales de arrepentimiento ni parámetros típicos de una víctima de violencia.

Con los alegatos previstos para este martes y la posterior deliberación, los camaristas Virna Eguinoa, Daniela Estrada y Mauro D’Agata Henríquez se acercan a un veredicto esperado con tensión por la familia de la víctima, que reclama prisión perpetua. En ese contexto, los informes periciales de psicología y psiquiatría —realizados a menos de una semana del hecho— aparecen como una pieza clave para contrastar la versión de la acusada, que sostuvo que actuó para defenderse de una agresión.

La evaluación psicológica fue realizada el 27 de diciembre de 2024. En su declaración, la licenciada explicó que Brisa se presentó ubicada en tiempo y espacio, sin alteraciones que afectaran su comprensión de la realidad. “No tenía una alteración de sus facultades”, señaló, al descartar signos de alucinaciones o delirios y al concluir que podía comprender lo que hacía.

El informe psiquiátrico, incorporado en el expediente, coincidió con esa línea: consignó que el juicio se mantenía conservado y que no se hallaron signos de patologías psicopáticas ni alteraciones mentales al momento del hecho. Ambos reportes, según se planteó en la audiencia, debilitan la hipótesis de una incapacidad que haya condicionado su conducta.

Pero el punto más sensible fue el análisis del relato. La psicóloga sostuvo que la versión de la imputada le resultó poco natural: “Se notaba que era poco espontáneo, como armado y había ausencia de detalles”, resumió. Agregó que, en distintos pasajes, Brisa se mostró evasiva y con contradicciones, con una actitud que describió como de “no dejarse conocer”.

En cuanto al vínculo con la víctima, la profesional indicó que no detectó indicadores que evidenciaran una situación de violencia ejercida por Chávez, ni observó los parámetros habituales que suelen aparecer en víctimas de violencia de género. Sí mencionó la posibilidad de episodios de “violencia cruzada” en la pareja, a partir de referencias de celos, desconfianza y situaciones de conflicto mutuo que la propia imputada relató de forma cambiante.

El testimonio también aportó una descripción de rasgos de personalidad. La psicóloga habló de egocentrismo y narcisismo, una tendencia a priorizar deseos propios y a vincularse buscando beneficios inmediatos. Mencionó además inclinación a la manipulación, inmadurez emocional y una capacidad de empatía afectada, junto con una predisposición a resolver conflictos de manera agresiva.

Uno de los aspectos más llamativos fue la ausencia de signos de duelo. Ante la consulta del abogado querellante Javier Darnay sobre si podía considerarse que Brisa atravesaba un período de duelo, la licenciada respondió que observó “escaso compromiso emocional”, un dato que la querella considera relevante por la proximidad temporal entre la evaluación y la muerte de Chávez.

En el cierre del debate oral, el tribunal deberá ponderar estos informes junto a los dichos de más de 30 testigos. A excepción de su madre, dos hermanas y la propia imputada, la mayoría de los testimonios escuchados en el proceso fue desfavorable para Brizuela. Con los alegatos por delante, la causa quedó a un paso del momento que la familia Chávez espera desde diciembre: una sentencia que defina responsabilidades y cierre, al menos en términos judiciales, una historia atravesada por violencia, dolor y una búsqueda persistente de justicia.