miércoles 16 de septiembre de 2026

Tragedia

El dramático relato de una sobreviviente del terremoto que devastó Venezuela

Carla Plaza, una joven de 20 años que vive en Caracas, quedó atrapada en su departamento durante el doble sismo. Luego volvió a La Guaira para asistir a damnificados y describió una escena de destrucción, dolor y búsqueda desesperada.
El horror en primera persona
El horror en primera persona

El espejo cayó primero. Después se desprendieron las gavetas del placard, las copas estallaron contra el piso y las paredes comenzaron a agrietarse. Carla Plaza, una joven venezolana de 20 años, corrió hacia la puerta de su departamento en Caracas para escapar, pero descubrió que la reja de seguridad estaba cerrada y no tenía la llave.

Durante varios minutos quedó atrapada mientras el edificio se sacudía con violencia. “Si mi edificio se hubiese caído, hoy no estaría contando esto”, resumió la joven al reconstruir el momento más angustiante de su vida.

Todo ocurrió durante el doble terremoto que golpeó el centro-norte de Venezuela, donde dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5, registrados con apenas 39 segundos de diferencia, provocaron el colapso de edificios, dejaron hasta el momento 1.430 muertos, miles de heridos y una carrera contrarreloj para rescatar sobrevivientes entre los escombros.

Aunque Caracas sufrió importantes daños, la zona más castigada fue La Guaira, una ciudad costera ubicada a unos 40 minutos de la capital. Allí vive gran parte de la familia de Carla, que pasó horas sin saber si sus seres queridos seguían con vida.

La entrevista con la joven también reflejó la emergencia que todavía atraviesa el país. Debió postergarse dos veces: primero porque Carla estaba asistiendo a familiares y colaborando con otros damnificados; después, porque un corte de electricidad interrumpió la comunicación.

La mañana del terremoto había empezado como cualquier otra. Su padre la despertó para preguntarle si quería comprar algo para ver una película esa noche. Él salió al supermercado y ella volvió a acostarse para descansar antes de seguir estudiando para sus exámenes universitarios.

“Al principio pensé que era un sismo más. En Venezuela estamos acostumbrados a los temblores, pero nunca algo de esa magnitud”, recordó.

La calma duró apenas unos segundos. El movimiento se intensificó, los objetos comenzaron a caer y Carla intentó salir del departamento. Al llegar a la puerta, encontró la reja cerrada. Sus vecinos bajaban corriendo por las escaleras mientras ella gritaba pidiendo ayuda.

Finalmente, su padre regresó unos minutos después y logró sacarla del edificio. Pero el alivio fue breve. Las comunicaciones colapsaron casi de inmediato y durante horas nadie pudo contactar a sus familiares en La Guaira.

“Empezamos a escuchar que se habían caído edificios en Caracas y después dijeron que La Guaira estaba completamente destruida. Ahí entré en crisis”, contó.

Su madrina, primos, sobrinos y otros seres queridos estaban en dos departamentos contiguos de un edificio ubicado frente al hotel Marriott, en Playa Grande. Carla comenzó a publicar sus fotos en redes sociales con una palabra desesperante: “Desaparecidos”.

La incertidumbre se extendió durante horas. “Entrabas a Instagram y era todo igual: desaparecidos, edificios caídos, gente buscándose. No sabíamos si estaban vivos”, relató.

Recién cerca de la medianoche otros familiares lograron llegar hasta el lugar. Desde el frente, la estructura parecía resistir. Pero por detrás había colapsado casi por completo.

Su tía María Victoria, de 59 años, quedó atrapada bajo una pared mientras intentaba escapar junto a una de sus nietas, de apenas siete años. Según contó Carla, la mujer cubrió a la niña con su cuerpo para protegerla.

“Mavi cubrió a la pequeña con el cuerpo. La pared le cayó encima y mi sobrina quedó atrapada debajo de ella. Mi tía terminó con casi 100 puntos en la cabeza, pero gracias a eso la nena prácticamente no tuvo heridas”, relató.

El rescate llegó minutos después, cuando uno de los hijos de la mujer escuchó los gritos y alcanzó a ver el brazo de la niña entre los escombros. Ambas sobrevivieron. Los departamentos quedaron destruidos y dos mascotas de la familia murieron.

Con la tranquilidad de saber que sus seres queridos estaban con vida, Carla decidió volver a La Guaira al día siguiente para colaborar con quienes lo habían perdido todo.

Entre familiares y amigos reunieron donaciones. Junto a su padre cargó cinco camionetas con agua, alimentos, pañales, medicamentos y artículos de primera necesidad para repartir entre los damnificados.

Lo que encontró, aseguró, fue incluso peor de lo que imaginaba. “Cuando llegué sentí que estaba en Chernóbil. Era una ciudad completamente destruida”, describió.

En las calles vio familias durmiendo sobre veredas, personas sentadas junto a los restos de sus viviendas y equipos de rescate trabajando entre estructuras colapsadas. También presenció rescates de personas con vida y la recuperación de víctimas fatales.

Como estudiante de Comunicación Social, registró parte de esas escenas con su cámara, aunque admitió que muchas imágenes todavía le resultan difíciles de procesar.

La situación humanitaria sigue siendo crítica. Según su testimonio, La Guaira permanece con problemas de electricidad, agua potable y telefonía, mientras los hospitales trabajan al límite y los equipos de emergencia resultan insuficientes frente a la magnitud del desastre.

“No hay luz, no hay agua y prácticamente no hay señal. Todo está saturado”, puntualizó.

Carla afirmó que gran parte de la respuesta inicial llegó desde los propios vecinos. “Yo veía al pueblo ayudando al pueblo. Hay rescatistas, sí, pero necesitamos mucho más. Hace falta maquinaria para remover escombros, más personal y lugares donde pueda quedarse toda la gente que perdió su casa”, sostuvo.

Pese al paso de los días, la joven conserva una esperanza. “Yo sigo creyendo que todavía puede haber personas con vida debajo de los escombros”, señaló.

Mientras distintos países y comunidades de venezolanos en el exterior organizan campañas de ayuda humanitaria, incluso en Argentina y San Luis, Carla pidió que la solidaridad llegue de manera ordenada.

“Todos queremos ayudar y eso es hermoso. Pero si todos vamos al mismo lugar al mismo tiempo, todo vuelve a colapsar. Lo más importante ahora es que la ayuda llegue de forma organizada para quienes realmente la necesitan”, concluyó.

Su testimonio resume el drama que atraviesa Venezuela: edificios destruidos, familias enteras buscando respuestas, sobrevivientes que vuelven a los escombros para ayudar y una emergencia que todavía exige asistencia urgente.