sábado 10 de octubre de 2026

Salud pública

ACV en ascenso entre jóvenes: alertan por sedentarismo, alcohol y mala alimentación

En la previa del Día Mundial del ACV, especialistas alertan por el aumento de casos en menores de 55 años. Proyectan más mortalidad hacia 2050 y reclaman políticas de prevención sostenidas en trabajo, escuelas y sistemas de salud.
Alarma por el aumento de ACV en menores de 55 años: el impacto del estrés y la vida moderna. (Foto Internet)
Alarma por el aumento de ACV en menores de 55 años: el impacto del estrés y la vida moderna. (Foto Internet)

La advertencia encendió luces rojas en el sistema sanitario: el Accidente Cerebrovascular (ACV) ya no es solo un problema de adultos mayores. Médicos y organizaciones apuntan a un crecimiento sostenido de casos en menores de 55 años, con un denominador común que se repite en consultorios y guardias: estrés crónico, mala alimentación, sedentarismo y consumo de alcohol o drogas.

En el marco del Día Mundial del ACV (29 de octubre), profesionales remarcan la necesidad de pasar del discurso a la acción. “El estrés sostenido y los hábitos nocivos están empujando la incidencia en edades más tempranas”, sostuvo el neurólogo intensivista Pablo Díaz (CMC San Juan de Boreal Salud, MP 2711). Según explicó, la vida moderna potencia factores clásicos —hipertensión, diabetes, dislipemias— y agrega el combo de sueño insuficiente, sobreexigencia laboral y consumo problemático.

Los especialistas recuerdan que existen dos tipos principales de ACV: el isquémico (por obstrucción de una arteria) y el hemorrágico (por ruptura de un vaso con sangrado). En ambos, el tiempo es cerebro. Reconocer a tiempo los signos de alarma —debilidad o entumecimiento de un lado del cuerpo, dificultad para hablar o comprender, pérdida súbita de visión, mareo o dolor de cabeza intenso— y acudir de inmediato a una guardia puede salvar vidas y reducir secuelas.

En la trastienda del dato epidemiológico aparece otra grieta: el acceso a rehabilitación. La fisioterapia, la fonoaudiología y el acompañamiento psicológico son decisivos para la reinserción familiar y laboral, pero no todos llegan a tiempo. “Sin cobertura real de rehabilitación, la desigualdad se multiplica después del alta”, advirtió Díaz.

La prevención, coinciden, empieza mucho antes del evento: dieta equilibrada, actividad física regular, control del estrés, no fumar ni abusar del alcohol y chequeos periódicos. Las herramientas digitales —monitoreo de presión, recordatorios y campañas en redes— ayudan a sensibilizar a una población que todavía no se percibe en riesgo.