viernes 9 de octubre de 2026

Seguridad y crimen organizado

El poder del Comando Vermelho: 100 muertos y una “franquicia” del crimen

Un megaoperativo policial en los complejos de Penha y Alemão dejó más de 100 muertos y expuso el peso del Comando Vermelho, la organización criminal más antigua de Río. Con expansión nacional, control territorial y arsenal de última generación, la facción desafía la estrategia estatal.
La operación masiva en Río terminó con más de 80 detenidos.(Foto AFP)
La operación masiva en Río terminó con más de 80 detenidos.(Foto AFP)

Río de Janeiro vivió una de sus jornadas más cruentas. La operación policial más violenta de su historia reciente, desplegada en los complejos de Penha y Alemão, dejó más de 100 muertos, 81 detenidos y más de 100 armas incautadas. Entre las víctimas hay cuatro policías. El despliegue de 2.500 efectivos buscó frenar el avance del Comando Vermelho (CV), la facción narco que, según relevamientos académicos y de ONGs, recuperó liderazgo territorial en la Región Metropolitana.

Las imágenes de autos y casas incendiadas, drones con explosivos y barricadas se replicaron en toda la ciudad. Comercios cerrados, transporte colapsado y barrios sitiados revelaron el poder de fuego y la capacidad de daño de una estructura que combina venta de cocaína, control de rutas logísticas y un modelo de “franquicia criminal”: mandos locales asociados bajo una misma marca.

Origen y mutación de una facción

El CV nació en prisión en los años 70, en el Instituto Penal Cándido Mendes (Isla Grande), del intercambio entre presos comunes y presos políticos que organizaron reglas internas. Con la amnistía de 1979, los políticos fueron liberados y la Falange Vermelha —así se llamó primero— viró a asaltos y narcotráfico. En los 80, con Colombia como gran proveedor, el tránsito de cocaína convirtió a Brasil en nodo hacia Europa, y a Río en plaza de disputa: armas, territorio y lealtades.

En los 90, los índices de homicidios escalaron y el intento estatal por dispersar líderes en cárceles reforzó el contagio faccioso. Con el tiempo, el CV exportó su método: pactos, recaudos y negocios compartidos. En los últimos años —señala el Mapa de Grupos Armados— amplió su control un 8,4% y hoy domina el 51,9% de las zonas bajo grupos armados en el Gran Río.

Tecnología, armas y dinero

A la importación ilícita desde Paraguay y desvíos de fuerzas de seguridad se sumó un salto industrial: fábricas clandestinas con impresión 3D metálica, talleres de ensamble y un mercado gris de piezas personalizadas que prosperó con la flexibilización de accesos durante el gobierno de Jair Bolsonaro. El resultado: más oferta, menor trazabilidad y arsenales modulares a gran escala.

El tráfico de drogas sigue siendo la columna vertebral, pero el crimen organizado diversificó ingresos en oro, combustibles, bebidas y tabaco, moviendo —según estimaciones sectoriales— cientos de miles de millones de dólares en circuitos ilegales. Con drones, fusiles y cajas sostenidas, el CV disputa barrios, fronteras y puertos.

La estrategia estatal en debate

El gobierno de Río defendió el operativo como golpe quirúrgico: “Es un operativo estatal contra narcoterroristas; el mayor de nuestra historia”, afirmó el gobernador Cláudio Castro. El Ministerio de Justicia ratificó el apoyo federal y la Fuerza Nacional en la ciudad. Pero el archivo reciente es incómodo: los tres operativos más letales de la metrópoli ocurrieron bajo esta gestión, sin reducciones sostenidas del crimen.

Centros de estudio y ONGs advierten que las incursiones masivas en favelas —densamente pobladas y con mayoría negra— no recuperan control estatal ni reducen delitos: se multiplican los tiroteos y el Estado no consolida presencia regular. La ineficacia de la receta represiva sin inteligencia criminal, asfixia financiera y política social vuelve al centro del debate brasileño.

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