Inseguridad
La Catedral de San Luis cerrará por las tardes tras robos y episodios de violencia
La inseguridad en el microcentro de la ciudad sumó un nuevo capítulo y, esta vez, alcanzó a uno de los espacios más emblemáticos de San Luis. La Catedral decidió dejar de abrir sus puertas durante la tarde luego de una seguidilla de robos, hechos de vandalismo y episodios de violencia que, según relataron desde el ámbito parroquial, vienen ocurriendo con frecuencia creciente.
La medida, explicaron, apunta a resguardar la integridad de los fieles, del personal que cumple tareas en el lugar y del propio edificio, que además de su valor religioso representa un patrimonio histórico para la capital puntana. “Se llevan todo lo que pueden”, señalaron personas vinculadas a las tareas de cuidado y limpieza, al describir hurtos que incluyen desde floreros y cuadros hasta distintos elementos relacionados con el culto.
Aunque desde la parroquia reconocen que muchos de los daños podrían considerarse “menores” en términos materiales, sostienen que el punto crítico es otro: la escalada de conductas intimidantes y la osadía con la que algunos ingresan al templo con la intención de sustraer objetos.
En ese sentido, colaboradores que pasan varias horas en la Catedral advirtieron que en los ingresos “se instalan grupos” y describieron situaciones que alteran la dinámica del lugar. Entre los episodios denunciados, mencionaron maniobras para condicionar la circulación: “Se han dado casos en los que quienes piden limosna cierran las rejas del templo para obligar a la gente a salir por una sola puerta y así facilitar el pedido de dinero”, relataron.
La decisión de cerrar por las tardes expone, además, una preocupación que trasciende lo religioso: la percepción de que el problema se profundiza en áreas centrales sin un esquema de prevención suficiente. En la Catedral, la conclusión fue directa: limitar el horario de apertura se volvió una herramienta de contención ante un escenario que, según quienes sostienen el funcionamiento cotidiano del templo, ya dejó de ser excepcional para convertirse en rutina.