Narcotráfico
El ataúd dorado del Mencho y un funeral blindado que sacudió a Jalisco
El entierro de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, se convirtió en una escena de alto impacto en Jalisco: un féretro dorado, arreglos florales trasladados en grúas, música regional y un dispositivo de seguridad con presencia militar y controles en accesos. La despedida se realizó en Zapopan, en un cementerio moderno, y se manejó con estricta reserva el recorrido del cortejo fúnebre.
Según reconstrucciones periodísticas basadas en reportes de la agencia AFP, el cuerpo fue entregado por autoridades federales a familiares en Ciudad de México y luego trasladado a Guadalajara para el velorio y posterior sepultura. La funeraria y el traslado estuvieron custodiados, con interrogatorios y restricciones para evitar aglomeraciones o filtraciones sobre el itinerario.
El operativo, descrito como inusual por su escala, incluyó vehículos de fuerzas de seguridad en la vanguardia del convoy y presencia de uniformados en el cementerio, donde se limitaron ingresos a quienes acreditaran trámites. Aun con ese cerco, se registró un flujo constante de ofrendas: cruces, alas de ángel y coronas llamativas, algunas enviadas sin identificación del destinatario.
Un detalle llamativo fue el contraste entre la ostentación del féretro y la tumba: lejos de mausoleos monumentales asociados a otros jefes narco, el sepulcro quedó a ras de tierra, en un predio cercano a instalaciones militares y a pocos kilómetros de un estadio mundialista. Ese dato alimentó lecturas cruzadas: desde una decisión de bajo perfil para evitar profanaciones, hasta una señal de que el control territorial se disputa también en los símbolos.
La muerte del capo, reportada en el marco de un operativo federal en Jalisco, tuvo derivaciones que exceden el ritual funerario. En las horas posteriores, se mencionaron episodios de violencia y acciones coordinadas en distintos puntos del país, un patrón que suele aparecer cuando se reacomodan mandos y se busca enviar mensajes a rivales y al Estado.
Con el entierro consumado, la atención se traslada a lo que viene: cómo se reordenará el CJNG, qué lectura harán las autoridades mexicanas y qué impacto tendrá en una región donde la seguridad cotidiana convive con los grandes operativos. En Jalisco, incluso el silencio y el hermetismo de una despedida hablan: cuando un líder cae, el territorio entra en modo alerta.