miércoles 14 de octubre de 2026

- Memo de coyuntura política

El problema no es ser tercero. Es parecer necesario

CAPÍTULO 2

 

La semana pasada planteamos una primera hipótesis.

Existe una porción importante del electorado argentino que no se siente plenamente representada ni por Javier Milei ni por el peronismo.

Pero ese espacio no constituye todavía una identidad común.

Ahora aparece la segunda pregunta.

¿Qué diferencia a una alternativa competitiva de otra tercera fuerza destinada a quedar atrapada en los márgenes?

Probablemente no sea su ubicación en el centro.

Sea su capacidad para explicar por qué debería existir.

Una tercera fuerza no puede ser un promedio

El error más habitual consiste en construir una propuesta sumando mitades.

Un poco de mercado.

Un poco de Estado.

Un poco de Milei.

Un poco de peronismo.

Algo de orden.

Algo de sensibilidad.

El resultado puede ser razonable.

También puede ser completamente irrelevante.

Porque las identidades políticas no se construyen como un promedio matemático.

Necesitan una idea reconocible.

Una tercera fuerza competitiva no puede limitarse a decir que los otros dos están equivocados.

Tiene que explicar qué etapa considera agotada y cuál debería comenzar.

La discusión no es volver o continuar

Probablemente allí aparezca uno de los debates más interesantes hacia 2027.

Una parte de la sociedad puede reconocer que el ajuste, el equilibrio fiscal o determinadas reformas fueron necesarios y, al mismo tiempo, creer que ahora deberían priorizarse empleo, producción, infraestructura, educación o recuperación del poder adquisitivo.

Esa posición no necesariamente implica volver al modelo anterior.

Tampoco significa aceptar como definitivo el actual.

La disputa podría pasar entonces de una lógica de ruptura a una lógica de evolución.

¿Qué viene después del orden?

¿Qué tipo de crecimiento?

¿Qué Estado?

¿Qué producción?

¿Qué inserción internacional?

¿Qué protección social?

Son preguntas bastante más importantes que definirse simplemente como moderado.

La experiencia vuelve a valer

Milei llegó a la Presidencia en buena medida porque ser ajeno al sistema político era un atributo.

Hacia 2027 esa demanda puede convivir con otra.

La necesidad de demostrar capacidad de gestión.

Después de años de enorme volatilidad, la novedad por sí misma probablemente tenga menos valor si no está acompañada por equipos, experiencia, resultados verificables y capacidad para construir acuerdos.

Para las alternativas intermedias, allí aparece una posibilidad pero también una exigencia.

No alcanza con criticar.

Hay que poder mostrar.

Gestiones provinciales.

Municipales.

Empresas.

Equipos.

Resultados.

La pregunta inevitable será muy sencilla: ¿por qué habría que creer que ustedes pueden hacerlo?

La economía cotidiana será el terreno

También habrá que distinguir dos Argentinas económicas.

La macro.

Y la vida diaria.

El Gobierno llegará a la elección mostrando sus resultados en inflación, equilibrio fiscal, inversiones y estabilización.

Sus adversarios intentarán señalar empleo, salarios, consumo y dificultades para llegar a fin de mes.

La tercera fuerza tendrá un problema si simplemente elige una de esas dos fotografías.

Porque buena parte del electorado puede reconocer ambas simultáneamente.

Puede creer que hubo avances macroeconómicos y sentirse económicamente peor.

Puede valorar el orden y reclamar crecimiento.

Puede rechazar el pasado y estar insatisfecho con el presente.

Comprender esa contradicción probablemente sea más importante que intentar negarla.

El tono también construye identidad

En una política organizada durante años alrededor de la confrontación, la forma empieza a convertirse también en contenido.

Eso no significa evitar el conflicto.

Significa elegirlo.

Firmeza no necesariamente equivale a insulto.

Diálogo no significa debilidad.

Reconocer un logro del adversario no obliga a acompañar todo su programa.

Y criticar una política pública no exige transformar al otro en un enemigo.

En un escenario saturado, la diferenciación puede provenir tanto de aquello que se propone como de la manera en que se ejerce el liderazgo.

Finalmente: parecer posible

Pero existe una condición previa a todas las demás.

Viabilidad.

Cuando se acerque la elección, la polarización intentará absorber todo.

El mileísmo advertirá sobre el regreso del pasado.

El peronismo planteará la necesidad de terminar con Milei.

Ambos tendrán incentivos para presentar cualquier tercera alternativa como un voto inútil.

Ahí se juega probablemente la batalla decisiva.

No alcanzar determinado porcentaje en una encuesta.

Sino conseguir que una cantidad suficiente de ciudadanos crea que votar otra opción no equivale a desperdiciar el voto.

La historia argentina muestra que una tercera fuerza puede crecer rápidamente.

También que puede desaparecer igual de rápido cuando deja de ser percibida como competitiva.

Tres claves

1. Una alternativa necesita identidad, no solamente ubicación. Ser equidistante de dos polos no explica por qué un espacio debería gobernar.

2. La discusión de 2027 puede ser sobre la próxima etapa. El desafío será interpretar a ciudadanos que no quieren volver atrás, pero tampoco necesariamente quieren seguir exactamente igual.

3. La viabilidad será tan importante como las propuestas. En escenarios polarizados, una fuerza comienza a competir realmente cuando deja de ser percibida como testimonial.

El tercer tercio no está esperando pasivamente a un candidato.

Está mirando.

Comparando.

Cambiando.

Y probablemente llegue a 2027 mucho menos enamorado de una identidad política que atento a quién pueda ofrecerle una expectativa creíble de futuro.

Por eso, tal vez la discusión no sea quién ocupa el centro.

Sea quién consigue demostrar que existe una etapa posible después de la polarización.

Porque en política, representar un vacío puede alcanzar para aparecer.

Para gobernar hay que transformarlo en una mayoría.

Lee también: El tercer tercio no es un partido

Temas de esta nota